El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

esto ya se hizo

Y se volverá a hacer.

Hoy, justo cuando muchas terminaban, nosotros empezábamos la nuestra. LLovía, como aquel día que empezaron un poco más lejos. Un grupo tan parecido a aquel que se junto para hacer su historia, entonces el sol brillaba y el calor superaba los cuarenta grados.

Esto ya se hizo. Hoy, justo cuando otros se han cansado de hacer lo mismo. Justo cuando el último de aquellos otros empezaba a ser un obituario, nosotros, sin darnos cuenta, habíamos comenzado.

Así empiezan las cosas de verdad: Sin casi notarse.

 

 

esto ya se hizo

Y se volverá a hacer.

Hoy, justo cuando muchas terminaban, nosotros empezábamos la nuestra. LLovía, como aquel día que empezaron un poco más lejos. Un grupo tan parecido a aquel que se junto para hacer su historia, entonces el sol brillaba y el calor superaba los cuarenta grados.

Esto ya se hizo. Hoy, justo cuando otros se han cansado de hacer lo mismo. Justo cuando el último de aquellos otros empezaba a ser un obituario, nosotros, sin darnos cuenta, habíamos comenzado.

Así empiezan las cosas de verdad: Sin casi notarse.

 

 

el blog de Oquendo: Ilustración, dibujo y diseño gráfico

Bueno, hoy no podía dejar de volver aquí: Tenía que presentaros el blog de Oquendo, un ilustrador y dibujante versátil y preparado para aplicar también la tecnología a su trabajo. La primera vez que vi sus dibujos me quedé sorprendida, no sólo por la calidad de los dibujos, también porque son realmente especiales, cuidados y tienen el toque justo para tener algo que es difícil encontrar algunas veces: La chispa.

Cuando ves cómo trabaja, entiendes todo y encaja todo. Además de su capacidad para captar y representar lo que se trae entre manos, Oquendo se toma su tiempo. A fuego lento cuece sus dibujos y cocina sus ideas, para que luego nos encontremos con ilustraciones como la de Noto, por ejemplo.

Oshïre*: Dentro del armario

Sois muchos los que habéis preguntado por email que dónde me he metido. Hace un tiempo que dejé el bolso y pasé al armario.



Y es que desde mayo pusimos en marcha un proyecto diferente, personal y en equipo (junto con dos amigas y profesionales de la Comunicación, el Marketing y la moda).

Y desde entonces, estoy dentro del armario, aunque a veces también estoy persiguiendo moscas y escribiendo relatos y otras cosas, pero por ahora, no tienen vida más allá de mi escritorio.

Gracias por haberos preocupado por mi, por haber venido a verme. Besos y nos seguimos de cerca.

*(Oshïre significa Armario en japonés).

 

 

Del día que hicimos un musical

Para María, pequeña Kankaku, porque se lo ha ganado y para One, por enseñarme la letra y silbarme la música

Lo hemos hecho. Algo había que hacer y por fin… Lo hemos hecho.

Lo hemos hecho después de meses sentadas en este despacho largo, tan largo y tan lleno sólo de mesas y sillas, color hospital.

Días en blanco, pasados a golpe de tic y de tac, de ¡ay! y de ¡uff!, cansados, lánguidos y cada jornada, más lentos.

El sol había empezado a entrar por las ventanas desde hacía unos días. Habíamos cambiado de uniforme. Los limpiadores habían quitado el polvo a las ventanas. Todo esto pudo influir.

Nos habíamos empezado a fijar en las hormigas. Las que rastreaban por el suelo un poco de comida y las que seguían a los guías, por el centro de la ciudad. Ahora estaba más lleno de turistas que nunca.

También pudieron ser los cohetes. Los espaciales, que descubrían ahí fuera mundos nuevos y los que aquí dentro explotaban descontrolados.

El cambio de hora, comer ensaladas de tomates. Qué se yo.
La cosa es que algo de esto nos había despertado.

Poco a poco, alargamos los brazos, abrimos los ojos y a los pocos días, empezamos a silbar. La misma canción, sin saberlo.

Después movimos los pies al ritmo de la música y vimos que el ritmo era el mismo.

Hoy ha sonado en toda la habitación. Larga, rotunda, sin duda. Es nuestra canción.

¿Y si lo hacemos?

Nos hemos mirado, hemos contestado a la vez:

-¡Si!

Nos hemos subido a la mesa y hemos empezado a cantar por Pétula Clark. Esto ya no se puede parar. Un nuevo truco para seguir riendo. Porque sabemos mirar las cosas como hay que verlas: siempre de la otra manera.

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