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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

el blog de Oquendo: Ilustración, dibujo y diseño gráfico

Bueno, hoy no podía dejar de volver aquí: Tenía que presentaros el blog de Oquendo, un ilustrador y dibujante versátil y preparado para aplicar también la tecnología a su trabajo. La primera vez que vi sus dibujos me quedé sorprendida, no sólo por la calidad de los dibujos, también porque son realmente especiales, cuidados y tienen el toque justo para tener algo que es difícil encontrar algunas veces: La chispa.

Cuando ves cómo trabaja, entiendes todo y encaja todo. Además de su capacidad para captar y representar lo que se trae entre manos, Oquendo se toma su tiempo. A fuego lento cuece sus dibujos y cocina sus ideas, para que luego nos encontremos con ilustraciones como la de Noto, por ejemplo.

Oshïre*: Dentro del armario

Sois muchos los que habéis preguntado por email que dónde me he metido. Hace un tiempo que dejé el bolso y pasé al armario.



Y es que desde mayo pusimos en marcha un proyecto diferente, personal y en equipo (junto con dos amigas y profesionales de la Comunicación, el Marketing y la moda).

Y desde entonces, estoy dentro del armario, aunque a veces también estoy persiguiendo moscas y escribiendo relatos y otras cosas, pero por ahora, no tienen vida más allá de mi escritorio.

Gracias por haberos preocupado por mi, por haber venido a verme. Besos y nos seguimos de cerca.

*(Oshïre significa Armario en japonés).

 

 

Del día que hicimos un musical

Para María, pequeña Kankaku, porque se lo ha ganado y para One, por enseñarme la letra y silbarme la música

Lo hemos hecho. Algo había que hacer y por fin… Lo hemos hecho.

Lo hemos hecho después de meses sentadas en este despacho largo, tan largo y tan lleno sólo de mesas y sillas, color hospital.

Días en blanco, pasados a golpe de tic y de tac, de ¡ay! y de ¡uff!, cansados, lánguidos y cada jornada, más lentos.

El sol había empezado a entrar por las ventanas desde hacía unos días. Habíamos cambiado de uniforme. Los limpiadores habían quitado el polvo a las ventanas. Todo esto pudo influir.

Nos habíamos empezado a fijar en las hormigas. Las que rastreaban por el suelo un poco de comida y las que seguían a los guías, por el centro de la ciudad. Ahora estaba más lleno de turistas que nunca.

También pudieron ser los cohetes. Los espaciales, que descubrían ahí fuera mundos nuevos y los que aquí dentro explotaban descontrolados.

El cambio de hora, comer ensaladas de tomates. Qué se yo.
La cosa es que algo de esto nos había despertado.

Poco a poco, alargamos los brazos, abrimos los ojos y a los pocos días, empezamos a silbar. La misma canción, sin saberlo.

Después movimos los pies al ritmo de la música y vimos que el ritmo era el mismo.

Hoy ha sonado en toda la habitación. Larga, rotunda, sin duda. Es nuestra canción.

¿Y si lo hacemos?

Nos hemos mirado, hemos contestado a la vez:

-¡Si!

Nos hemos subido a la mesa y hemos empezado a cantar por Pétula Clark. Esto ya no se puede parar. Un nuevo truco para seguir riendo. Porque sabemos mirar las cosas como hay que verlas: siempre de la otra manera.

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Tokio es de papel de arroz

Suena el despertador. Son las 7 de la mañana y es jueves. El sol empieza a amenazar con meterse por la ventana, abierta de par en par y sin cortinas.

- No quiero ir a trabajar... No quiero levantarme hoy, ¿me firmas una tarjetita para mi jefe que le diga que no voy a la oficina hoy?

-No - me dice, seguro- mejor métete aquí, debajo de las sábanas.

Con el brazo derecho levanta rápidamente la colcha y me enseña el escondite secreto.

-Métete aquí, venga - insiste

Sin rechistar le sigo y mientras me voy adentrando en el escondite, se vuelve y me dice:

- Ya verás, desde aquí podemos ir hasta Tokio. Eso sí, allí todo es de color papel, blanco y limpio, pero no te preocupes, así tendremos más sitio: tú para escribir cuentos y yo para dibujar cómics.

Nos debimos quedar dormidos, o quizás sea verdad que viajamos hasta Japón, porque al despertar, los dos decíamos haber soñado con Tokio y con monigotes de cuento. No llegamos a tiempo al trabajo, y aunque nosotros aún no nos hemos enterado, parece ser que desde hoy, Tokio está dibujado a lápiz y tiene algún que otro cuento escrito en español, con letra de médico, que aún no han conseguido descifrar.

Menos mal que nos queda su cama, grande y blanca y algunas paredes de papel de Tokio.

los escondites secretos

Un, dos, tres... búscame.
Tengo un escondite secreto, al que no he ido nunca. Se dónde está, claro. Si no, no sería mi escondite. Hace tiempo, sabía a mi casa. Tenía muchos de sus colores y cuando iba, siempre me traía algo suyo en los bolsillos de los pantalones vaqueros. A veces, pequeños descuidos, otras, pequeños robos, pero casi siempre, dulces regalos con sabor a campo.
Hace tiempo que no voy por allí. Quizás porque si fuera, no sería tal como hoy, mi imaginación, se ha encargado de deformar y convertir en otro.
¿La suerte? Tengo un escondite secreto. Quiero escaparme y se que puedo.

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