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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

crónica de la Feria

Ayer me vine andando. Por el camino venía pensando un montón de cosas pero de esas que no se pueden poner en el blog (ya no...¡me siento en cueros!). Esto empieza a parecer los comics de Esther y Su Mundo...pero es que es cierto que tengo cierto pudor al subir aquí historias y cuentos chinos. Me hace gracia porque en un principio es un ejercicio para alimentar el ego pero cuando te das la vuelta y lees los comentarios te das cuenta que es justo lo contrario.

Bueno, venía hablándome en serio, porque seguramente el rebujito no había hecho efecto. La luna era una tajada de coco, era muy chica y la llevaba en la espalda (cosa que me molestó bastante: que fuera chica y que casi no pudiera verla) y ni siquiera era capaz de cantar. ¿Os acordáis que me sabía una sevillana y sólo me la sabía en la feria? Pues ya, ni eso. Es raro, porque no tenía ningún misterio: en la feria la escuchaba mil veces, pero este año ninguna.
Me dio pena ver que a las tres ya estaba apagada (y muy negra) la feria, miré por el rabillo del ojo la caseta más animada de todas, la de Javi, pero estaba cerrada y enfilé el puente de las Delicias sin mirar para atrás.
La anécdota de Feria vino cuando estaba en la mitad del puente. Tiene una ligera elevación que separa ambos carriles y allí estaba yo cruzando. De repente, a mi izquierda oigo a unos chavales de unos veinte años gritando. Pensaba que jugaban pero en realidad se estaban pegando. Eran unos quince y ¡¡horror!! avanzaban hacia mi. Me vi justo en medio de una pelea donde volaban vasos y botellas y donde oía perfectamente el crujir de los puñetazos. Decidí no moverme y esperar que la bulla pasara. Agaché la cabeza y apreté los dientes. Menos mal que en cinco segundos andaban ya entre los dos carriles, habían parado el tráfico y como tenían las piernas largas, siguieron corriendo a la parte baja del río. Y allí me quedé, sola en medio del puente. Igual aquí fue donde se me pasó el efecto del rebujito y donde me quedé sin voz para cantar.
Esto ya no es lo que era: ni llego descalza a casa, ni me hace efecto la manzanilla, ni canto ni ná.. y encima nunca es de día...Esta noche lo intento, por última vez, pero lo intento. Un homenaje a Ava Gardner y si no, me retiro (ojo: he dicho retiro y no escapo o secuestro....que ya ha dado más juego de la cuenta el tema :-D)

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