fumata negra
pilar lópez casquete de prado - 18-04-2005 22:22:30 | Categoria: de mentira de la buena
Hoy no conseguíamos ponernos de acuerdo: por un lado queríamos jugar, queríamos soñar pero por otro no sabíamos hacerlo. Queríamos soñar con que todo vibraba: el autobús, las ventanas de la oficina y la risa de Carolina. Vibraba la mujer de la guirnalda de flores, ¿o tal vez son corazones? esa desnuda, la que ella sola sostiene la columna de la Glorieta, aunque no lo sabe. Quizás por eso vibre.
Vibraba la segunda portada de la Catedral, llena de mujeres, de caras finas y suaves, que rien porque son más inteligentes que los hombres de su puerta. Ellas no sujetan nada, no tienen que hacer nada porque no quieren. No están ahí para eso. Se rien porque les da igual para qué están allí. Son las mujeres olvidadas en ese consejo de administración y que por eso ni tienen arrugas ni prisas, porque sólo están ahí para estar, no para ser.
Vibraba la avenida porque estaba sucia, y por más que se sacudía, no soltaba la acuarela seca y negra.
La sombra jugaba con el árbol y el sol la hacía vibrar y el arbol soñaba con el gorrión, al que no veía pero sentía vibrar y hasta las tres de la tarde, aún vibraban los farolillos del Hotel Alfonso XIII. Después, se fueron, tal vez desaparecieron o tal vez vuelvan mañana. En el Hotel también vibraba el agua de la piscina, pero ella lo hacía de frío, mientras que los escalones aún estaban nerviosos porque recordaban a Grace bajándolos vestida de gitana.
Yo, por más que lo intentaba, no vibraba. Como mucho me enredaba: entre alamedas, pequeñas rosas y algunas naranjas. Me perdía entre las páginas de Rayuela o entre el cielo de color eñe.
Así seguimos, sin ponernos de acuerdo. Me bajé del autobús antes de tiempo y caminé por la Avenida, llena de vibrantes extrajeras de pantalón corto.
Entré a comprar un café Latte en vaso de cartón. La gritona argentina me saludó con una familiaridad plana, exquisita y en punto. Entonces, sonreí y empecé a jugar. Me vibraron levemente los dedos y después la sonrisa.
Un café latte, por favor.
Si, este...¿querés algún topin o tal ves un poco de canela? (odio la canela)
No, gracias
Y ¿tal ves una tartita para acompañar? (señala las de caramelo pegajoso)
No, gracias
Este... tu nombre, por favor?
Y ahí empecé a vibrar entera, desde los dedos más chicos hasta la punta del corazón y la herida minúscula de la oreja.
SOFÍA, SO-FI-A
Las mujeres de la puerta de la Catedral empezaron a reir sinuosas y petardas. Su risa me llegó y me inundó hasta el agua de la barriga.
Un latte para Sofía
Aquí tenés Sofía
Buen día, Sofía. Sonrisa plana y seca. De fieltro y cartón piedra.
Sofía: salí riéndome infinito. Miré a las de la puerta y ya no las veía porque tenía los ojos llenos de las lágrimas de la risa.
Ella siguió el manual y saludó a mi amiga de la infancia. Aquella que dejó de entenderme porque yo ya no la oía cuando dejamos las Nancys por los cigarros.
Sofía, que era Pilar y Pilar que era Sofía cuando soñábamos ser Marita y tener sus tacones y su risa, su piel blanca y sus piernas largas.
Ella ahora es la Marita de aquellos años, con las piernas y la risa tan estruendosas como las de entonces y como Marita, no tiene trabajo. Marita ahora está seca de tanto llorar y tiene la piernas llenas de arañazos y ortigas, anda con el pelo más negro y la sonrisa tronchada. Y yo, yo no soy Sofía.
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Comentarios
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qué bonito despertarse y tropezar con tu fumata negra en este balcón.Qué bonito pili, gracias.
suspiro.qué bonito.
mercíComentario de evamaring hace 4 años y 56 meses
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Acabarás escribiendo, lo sé
Comentario de Mayte hace 4 años y 56 meses
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después del nombre del sucesor me quedo con tu fumata negra.
mola mucho más.Comentario de evamaring hace 4 años y 56 meses