Paper machine
pilar lópez casquete de prado - 12-05-2005 04:01:47 | Categoria: de mentira de la buena
Había veinte casas en cada árbol. Eran casas hechas mitad de cartulina negra, mitad de papel de plástico amarillo... casas planas y enclencles, capaces de sostener más de veinte vidas sin ni siquiera dejar que el viento las moviese, y... aún siguen ahí... y detrás de cada ventana de papel de plástico amarillo estaban nuestras ventanas, que sabían a dulce, dulce de leche o de algodón y alguna que otra, amarga y limón, como el gin tonic.Casas planas, de diseños nórdicos, donde cada árbol era un pájaro, una flor y cuatro sueños tejidos con papel maché. Recortadas con la perfección que sólo en Noruega sabían dar a estos diseños.
Las bicicletas y los coches corrían a la misma velocidad, sorprendente para esta ciudad más grande que NY y más pequeña que la arena que cabe en la palma de tu mano.
A la hora del café, todo olía a chocolate, leche y galletas. Las risas nunca sonaban estruendosas, pero no paraban de llenarlo todo y en cada ventana ganaba un equipo... aunque casi siempre era el Atleti el que ganaba la copa del Rey.
Por las noches se oía el murmullo del silencio y, despacito, las luces amarillas se quedaban dormidas y sin luz. Sólo se oía el ronquido de los sueños y el sonido del corazón.
Por las mañanas, en mi ventana de papel transparente, olía a tostadas de jamón y zumo de naranja y de la cama te caías en mi mesa y siempre había un café y una risa para tí.
Y cada mundo cabía en un árbol hecho con la máquina de papel, aunque nadie sabía ya dónde se habían quedado las máquinas, ni siquiera las de papel.
No hacía falta ir al cine, porque todo era cine. Nadie necesitaba preguntarse qué era el amor, porque todos lo sabían por intuición y por esporas.
Y cada mundo vivía entero en esos árboles chinos de papel. Y cada hogar sabía dulce. A la manera de cada dulce.
Mientras tu duermes, aún la máquina de papel, que no sabemos donde está pero que existe, teje tus sueños y yo velo para que mañana se te quite esa tristeza que ha hecho que esta noche no enciendas la luz amarilla del candil de tu ventana.
Y mientras tu duermes, apenas hay coches en la avenida. Sólo uno, rojo y de pedales, que rompe el viento para llegar a tiempo para prepararte un café. Suena Rita Calypso, suena Paper Mache y tú sigues dormido, soñando al ritmo de la rotativa. Y yo, te doy un beso para que no te despiertes.
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