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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

la casera

Vengo cansada de sol y playa, descansada de ajetreos, de carreras, conciertos y fiesta.
He disfrutado de un fin de semana con amigos, charlando y jugando con sus hijos (están haciéndome chantaje: Patricia hija el sábado por la noche prefería mis brazos a los de su Patricia madre... y disfruté como Javier y Jesusito, recogiendo piedras para hacer una casa que no construimos... frente al mar, recordando al gallego de Ferranz (un escultor que me flipó en una antológica del Reina), que se me quedó tan marcado como esa tarde de sol y esos móviles sencillos, con piedras de playas, que eran juegos para sus niños)

Pero todo... todo empezó el viernes.

El viernes casi me atrapa mi sofá rojo. Primer aviso.

El sábado por la tarde, me dejé la mirada en la playa, desde la terraza de esa nueva casa que tiene como jardín un cesped de mar y arena. Caía el sol y sólo dos personas cruzaban corriendo la playa. Respiré hondo y con una sóla bocanada, ordené más de tres cajones del armario. Segundo aviso.

El domingo de madrugada, he llegado a esa nueva casa y con curiosidad, he subido la persiana del dormitorio, para ver si seguía esa playa allí enfrente. Era negra y azul, llena de luces lejanas y de sueños que empezaban a venirse a mi casa, empujados por las olas. Aire fresco, que llena de buenos olores el armario casi ordenado. Tercer aviso.

Y a la cuarta, va la vencida: llego a casa y ordeno mi vida, monto un sillón y abro las ventanas. Me pongo crema para que no perder la piel morena. Me gusta mi casa, me gusta mi vida, me gusta lo que estoy haciendo conmigo. Me gusta ir despacio, aunque pienses que no corro riesgos. Precisamente es para eso, para poder correr más riesgos y seguir sonriendo por lo que pensar con la razón está impulsando nuestro corazón.

Esta noche, me quedaré dormida. Oliendo aún a sal y brillándome el pelo y la piel, mi último regalo será un sueño-viaje-virtual a un hotel con 7 suites en Tarifa. En pleno centro de Tarifa, en una casa palacio. Se llama Casablanco. Llévame allí, Sam.
Y me acunarán los recuerdos de la semana, que serán suaves... Lori Meyers (de nuevo! el viernes fueron teloneros de Los Planetas) , alguna canción de los Planetas (que no todas, no me gustaron como esperaba lo hiciesen), alguna charla de miércoles frente a un ron con coca cola...

Y cuando suene el despertador, dejaremos de soñar, para empezar a vivir, vivir una nueva semana.. ¿qué nos traerá esta?

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