El deseo de lo absurdo
pilar lópez casquete de prado - 20-05-2005 02:40:31 | Categoria: de mentira de la buena
En el coche sonaba esa canción, que es la mía. Enciendo un cigarrillo (yo no fumo cigarros, sólo cigarrillos) y de repente toda la Avenida de la Palmera se llena de bolsas blancas, casi blancas, de supermercado. No vuelan, porque ya han caido y han dejado de ser poesía de película americana y están pegadas al asfalto, casi como una lluvia de sapos pegajosos, que se convierten en aceite para patinar ruedas.Todo está en silencio y sólo queda tu canción, tu voz que raspa, mi cigarrillo y yo.
No hay nadie por la calle y puedo hacer recuento del día sin que nada me distraiga.
El resultado es que el amor mueve el mundo y el desamor lo acelera. Que sales corriendo de la oficina asustado y mirando a las esquinas y yo sigo vagando sola y mirando a ver si lo veo al doblar la calle.
Y decimos que sí, que esto no es para nosotros, que esto cansa y además es difícil (aunque nos resulta una paradoja casi de broma). Y yo tomo una decisión, que no es en firme, que no es absoluta, es sólo absurda: a partir de ahora sólo escribiré en el blog y tocaré la batería. Y si el dique de cartón piedra se hace de hormigón armado pues... diremos que la culpa no fue nuestra. Que así retenemos el agua para cuando nos quedemos secos.
Y antes, antes de venir en coche, antes de encontrarme con las bolsas estaba con Carolina y cinco más. Éramos seis y había siete copas, siete platos y siete velas... y es porque a Carolina no se le despega. Está por las paredes, enfundada en un pareo y mirando el infinito, ese que está tan cerca.
No queremos modas, no queremos pulseras de goma ni de esas otras que hacen más fácil el amor, casi rutina sin encanto, no queremos que nuestros amigos desaparezcan en el bosque y sólo nos queden de ellos muchas preguntas. No queremos que el amor nos haga decir frases como esas, que empiezan con un "si he vuelto a naufragar quizá ha sido por la necesidad de sumergirme... " y que los golpes de las olas han terminado por doler... y sólo nos quede un poco más de cobardía.
Y Carolina aún mira la foto de Noelia. Y Noelia sólo es una foto. Una niña de diecinueve años, que aún va al instituto y está enamorada del hermano de su amiga. Que empieza a beber y contar batallitas. Que se perdió en el bosque y se quedó dormida como Ofelia. Y por eso, mientras la corriente nos convierte en cantos rodados, secos y sin energías, ella sigue camino del instituto y Carolina, mirando su foto, sigue haciéndose preguntas... y nosotros, corriendo al salir de la oficina: tu para salir huyendo y yo para encontrarle...
Comentarios (0) - Referencias (0)