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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

el color del cielo

No se de qué color era el cielo porque apenas tuve tiempo para mirarlo. Estaba más pendiente de hablar contigo, viendo la Giralda desde donde caía el agua y había una terraza de esas de hotel de post antiguos. ¿No te lo dije? Algunas veces la vida me regala justo lo que estoy pidiendo, y hoy, un rato después de escribir el mensaje anterior me estaba regalando lo que había pedido. Igual es que la entendí, entendí el secreto de esperar poco y por eso, cuando menos me lo espero, me regala lo que pedí... y como hoy, no sólo me regala eso, si no que me da más y me hace sentirme especial.

Hablando de regalos, también me trajiste un par de regalos de mi color, que ni esperaba ni pedí y por supuesto me sonrojaron y me dejaron casi sin saber qué decir... y me recuerdan que me quedan dos... y que igual que tú, prefiero el regalo que te robo, cuando estamos juntos, debajo de la luna y debajo de las agujas del reloj, que pasa tan rápido. Creo que el tiempo, ese tiempo, me gusta más que ese regalo que tienes pendiente, que para mí siempre será más chico que tu compañía...

Y es un no se qué, que te doy con beso de abuela, de vieja o de risa, que recoges haciéndote el sieso, con un reproche, con ese tú, el burlón y el gamberro, pero que te dejan esa misma huella: estas tardes son como aquellas lejanas, donde descubrias con distancia un cuarto de juegos de nuevos amigos donde siempre se hacía tarde y a tí te parecía temprano...y tu madre te arrastraba hasta la puerta, mientras montabas el numerito porque no querías ya irte a casa...

Hoy me quedo con tus ojos, cuando te cuento mis cosas. Me quedo con tu sonrisa, cuando te metes conmigo y con tus detalles y tus recuerdos, los que me sacan los colores y los que parece que tienes apuntados en tu libreta, esa azul hielo, porque tú eres tan de hielo como ese que a mi me reprochas...y que quizá por eso sacan mis mejores colores, los turquesas porque son míos y los naranjas porque me sorprendes.

Y te vas y ya estoy deseando que vuelvas, a buscarme una tarde de sol o una noche de luna tiesa. Con tu sonrisa grande, con la moto, para parapetarme detrás de tu espalda y reirme escondida cuando no puedes verme... porque otra vez, la tarde pasó rápida pero la guardo como si fuera eterna.

Fernando Alonso quedó cuarto, el Sevilla no estuvo en su mejor partido y llego a casa, y el color del cielo es otro, pero eso ¿a quién puede importarle ahora?

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