traumas infantiles que dan calor pero no pican
pilar lópez casquete de prado - 24-05-2005 22:35:51 | Categoria: de mentira de la buena

De pequeña no me gustaba que en las excursiones todos mis compañeros hicieran alardes de la tierra, odiaba los días de Extremadura y de final de curso, donde había que rellenarlo todo de banderas y cantar el himno (aún me lo se... y encima el antiguo y también el moderno).
Me gustan mucho más las cosas sencillas, las que son y no tienen que justificarse tanto... y no reniego: ni de extremeña, ni de andaluza ni de haber vivido en un pueblo donde no sabía que era una pizza hasta los catorce años... pero tampoco necesito hacer apología del verde-blanco-negro...
Esta noche me he encontrado unas fotos por casualidad y hace siglos que no las veo. Me refiero a ellas... Ana (que se escurrió cuando su casa se llenó de problemas), Maricarmen (que quien la ha visto y quien la vio...me quedo con la de antes), yo (que chica, eh?), Sofía (la del post del café...) victoria (la más guapa, y ella... lo sabe), maribel (la hija del Guardia Civil y las meriendas de chocolate), Begoña (mi mejor amiga, la que me enseñó que los amigos se esfuman a veces) y Carmencita (creo que aún es la eterna promesa... )
Ellas eran las elegidas de la Señorita Mercedes y yo...aunque llegué tarde, y me puso la se-ño-ri-ta en la última fila en septiembre, en mayo ya me hacían fotos con la élite de la clase (para muestra, un botón)...y eso tenía mérito porque uno iba escalando puestos en función de sus aciertos al dar la lección y sus conocimientos de ciencias, sociales, lengua y literatura... ay! viva la competencia...Ejem... en la élite, sólo éramos niñas... ¿curioso?
En la foto: qué tardes más agradecidas esas de mayo, vistiendo de terciopelo y mantón de lana... y a pesar de ese trauma no reniego de mi pasado ni de mis trajes (y menos aún de mis amigas.. aunque ya si nos viéramos por la calle apenas nos saludaríamos... ¿dónde andarán ahora?)
Lejos de las bromas y la frivolidad, me siento de allí, aunque pienses que reniego algunas veces. Me gustaban sus tardes en el campo, con la bicicleta, el olor siempre a semillas (pipas, trigo, cebada...) y el saber distinguir los frutos de los árboles y la dehesa de la campiña, las cabras de las ovejas y los carneros; los perros que vivían en el campo y no en un piso; la caza del alacrán, la perdíz y el conejo, los grillos y los bencejos... su cielo grande y raso, las tardes de colegio, con olor a lapiz y goma de borrar, el castillo deshecho, los dulces de azúcar y la vecina que hacía patatas fritas, la plaza, con la pandilla de todas las edades; la biblioteca, las catequesis y las casas de las abuelas y de las tias, con agua fría en el botijo y los libros de Puck... las puestas de sol y el pantano y las botas Katiuscas. Eso forma parte de mí y eso sí es Extremadura, al menos es la mía... esa sí que me gusta...
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