de 60 km/h a 200Km/h
pilar lópez casquete de prado - 08-06-2005 21:01:12 | Categoria: de mentira de la buena
Venía en el autobús, encerrada en esos asientos de niño gamberro en excursión de colegio (y no porque quisiera cantar lo de la sardina... si no porque me han ido arrinconando, arrinconando... y hasta allí he llegado...) y al llegar a mi parada he pedido amablemente que me dejaran salir. El chico que venía a mi lado me ha dicho: sal como quieras, pero lo siento: yo no me pienso mover. ¿Yo no me pienso mover?? Iba con tacones, el era un pataslargas enorme, le he dejado amablemente ese asiento, le he pedido por favor cuando el autobús ha parado que me dejara salir... ... Me indigna la mala educación y ese egoismo infinito... egoismo como el tuyo, que tienes que mover ficha para quedar por encima, que tienes que usar la mentira, para arañarme la cara, para quitarme mis zapatos y pisarme con mis tacones...
Tienes más de lo que yo pudiera tener en mucho tiempo, y sin embargo, también quieres lo mío. No te entiendo... y te recuerdo que no te soporto porque no quiero.
Y tú me recuerdas al post de Gándara, de hace unos días... y que se llamaba negociando con el enemigo...
23 de mayo de 2005. Dos clases de enemigos: los que quieren lo que eres (ante los cuales tu vida corre el más grave de los peligros) y los que te quieren como ellos (para los cuales tu vida no significa nada).
Si te empeñas en negociar, con los primeros sólo puedes negociar tu desaparición. Y con los segundos sólo puedes negociar la sumisión. Pero si negocias la sumisión con alguien que considera que tu vida no significa nada, entonces tu vida corre el más grave de los peligros.
De modo que, para negociar con el enemigo, antes el enemigo deberá abdicar de algo: de quitarte lo que eres o de repudiar que existas. Sus armas son lo de menos. Lo que piensa es lo de más.
En otro caso, y si de verdad valoras tu vida (cosa que habrá que preguntarte), no te quedará más remedio que defenderla. Porque si la entregas sin más a quien le ha puesto precio, es que entonces no valía nada.
Comentarios (0) - Referencias (0)