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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

los limones escarchados

El verano pasado en Londres, dando paseos por la ciudad, con paraguas y gafas de sol, encontré una mañana a Tamara Lempicka y después... descubrí una pastelería japonesa. Tras el bullicio llegó el silencio, tras las contradicción y la complicada vida de la Lempicka volvió a salir el sol y me quedé pegada al escaparate...

Entré y no sabía qué quería. No sabía qué hacía allí, porque realmente, no quería un pastel y las tartas se iban a estropear por el camino. Yo no hablo inglés si no es en presencia de mi abogado y la japonesa era más tímida y silenciosa que yo... así que vaya plan...

Paseé por la tienda y no se por qué razón se me saltaron las lágrimas, se me puso el bello de punta y me sentí atrapada por algo, por un no se qué...

Compré una caja, una caja etiquetada entera en japonés: era amarilla y pastel, de cartón de colores...con flores y con olor a limón. Era un regalo para el hombre al que más quiero del mundo... al que siempre he querido y nunca dejará de quererme y sabía que le iba a gustar, porque si a mi me gustaba a él también... y porque aunque dicen que es imposible hacerle regalos, porque siempre tienen un defecto, este no lo iba a tener... los míos nunca lo tienen para él...

Pues eso, me volví con mi caja de cartón de no-se-qué y llegué a casa. Recogí los regalos y empecé a repartirlos y cuando lo abrió, a los dos se nos iluminó la cara: eran cáscaras de limones escarchados... su chuchería favorita: la fruta escarchada...delicada, seca, amarga y dulce.

Los comimos y encima, estaban deliciosos, a pesar de ser secos y viejos limones escarchados...

La verdad es que nosotros nos queremos como los limones escarchados...: a veces somos amargos, casi siempre secos (no nos damos muchos besos y no nos hablamos) pero siempre hay algo que es de lo más dulce y nos decimos casi a diario que nos queremos en un idioma que desconocemos. Hay algún tipo de azúcar que hace que se conserve nuestro amor como cuando yo lo miraba admirada mientras me hacía dar volteretas y a el se le caía la baba conmigo cuando le llenaba de hojas el pelo... si nos ves, dirías que somos una caja, una caja que no sabe que tiene... pero si la abres, si la ves de cerca te encontrarás con las tiras de limón escarchado...dulces y con un sabor largo, intenso y especial...

Desde pequeña quería saberlo todo de él, que me contara y me aconsejara pero yo nunca pregunto... y el era hermético. Así que dije que me gustaba el campo, para estar más tiempo a su lado; perseguí perdices para que cazara con reclamo; fui de tórtolas con el calor de las cuatro del verano y luego aprendí a montar a caballo con miedo, porque así estaba con él más tiempo y ... si adoro a los escritores españoles de la generación del 27 y del 98 es porque a él le gustaban.. y por él me gustan las motos, por él soy irónica y a veces fanfarrona y por eso tengo un humor que no es gracioso...

Un día me echaron las cartas y me dijeron que se iba a ir. Desde ese día me pegué a él y al final no se fue... aunque estuvo tan cerca... pero no, aun no se ha ido... Fue lo mejor que me dijeron porque desde entonces, disfruto de cada momento que tengo a su lado... y me quedan muchas cajas de limones escarchados que regalarle... Me encanta hacerle regalos y hace poco le pedí su talla para un sombrero (siempre son pocos para él, siempre quiere uno nuevo, para ir a montar a caballo) y yo ya le he elegido uno. Hoy me mandó un mensaje y me dijo que se lo cambiara por un cuenta pasos... y mira que a veces se enfurruña haciendo cuentas con los pasos que le quedan por dar y pensando que ya son pocos... me alegra ver que quiere contarlos aún, que quiere darlos y saber cuántos son. Ojalá hubiera dado un paseo con él esta tarde, contando cada uno de ellos, despacio y saboreando cada zancada, entre las encinas, con las chicharras del verano y en ese idioma que no hablamos... con su sombrero nuevo y su cuenta pasos...

Cuando me llama por teléfono, cuando él ya ha colgado le digo que le quiero... y es que el limón es amargo y yo no se decírselo cuando estamos hablando...

Papá... te quiero mucho...


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Comentarios

  1. Jo. Qué bueno, Pilipili

    Comentario de Arturo hace 4 años y 54 meses

  2. Uf de verdad que bonito. No sé si tu padre leera tu blog, pero si lo hace no tendrá mas remedio que darte uno o varios besos.

    Comentario de Mandi hace 4 años y 54 meses


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