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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

Un kilómetro y casi salgo volando

Quizás estamos condenadas a no encontrarnos, y yo mientras no paro de nadar y ella de hacer mil cosas para no estar parada... porque le da miedo encontrarse con ella.

Dice Kike que yo no paro de nadar porque libero endorfinas y lo leo en una web de surf y casi es una adicción a uno mismo... y casi es una droga... pero no me asusta...

Me gusta nadar porque me sacudo del mal humor, del cansancio y de la cara negativa. Me quedo plana, serena, muy simple y muy limada y desde luego... mucho más positiva... Vamos, tanto que ya no soy ni Amaral ni la hija de los Serrano... mi flequillo comienza a parecerse al de Audrey y eso... eso me gusta, claro.

Huelo a piscina y ella está sola en una casa enorme... y no me encuentra, ella porque no quiere, porque yo siempre estoy aquí: mirándola detrás de los visillos y deseosa de que se acerque de verdad, con las manos extendidas y sin necesidad de hablar, sólo de estar.

Ahora me voy al cine, a recuperar sanas costumbres en VO con Clara.

Hoy ha sido un buen día: sereno, estirado desde las 7,30 de la mañana como las sábanas malvas y blancas de mi cama... y parece que aún le queda...

Estoy segura que antes de irme a la cama disfrutaré de llla terraza, y volveré a ver mi calle silenciosa y serena. Tan silenciosa y serena como yo y eso, eso me gusta.

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