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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

las comparaciones no siempre son odiosas

Cristina decía cuando íbamos a la facultad (en el autobús, a las 7 de la mañana, haciendo trasbordo en la Pasarela) que me parecía a Isabella Rosellini. No se si era la hora, si era que aún no se había puesto las gafas, si es que yo le caía muy bien, si es que no tenía otro tema de conversación o si es que aún no se había despertado... La cosa es que aquel parecido me encantaba, no puedo negarlo (mejor que los de Alicia Borrachero, Cayetana Guillén Cuervo u otros que mejor ni los nombro porque podría ser usado en mi contra). Me gustaba y empecé a seguirla, desde algún anuncio de Lancome hasta su línea de cosméticos de Manifesto.. no la he seguido como actriz, pero no le he quitado el ojo de encima, desde aquellas vacaciones de Hola! en Suiza con su hermano Roberto (qué guapo... con su barba y todo) y Carolina (de Mónaco, claro) hasta hace poco, que salía así de guapa en una revista...

Lo que me gusta de Isabella es que tiene 53 años y está estupenda. Puede que se haya retocado, puede que se haya operado y el Paint Box hace mucho... pero desde que vi la línea Manifesto estoy segura que esta señora se rie bastante del paso de los años.
Y desde hace un tiempo, estoy segura que si alguien no para de reirse del paso del tiempo es porque se sabe cuidar por dentro y es algo que me fascina de la edad: si te dedicas a regarte por dentro, sigues creciendo, sigues cortando las rosas, limpiando el jardín, ves cómo quitas la maleza y dejas más espacio a los parterres de flores pequeñas... y el jardín, este jardín siempre crece... y eso se nota por fuera de la tapia, las buganvillas, las azaleas y la parra empiezan a subir y se entregan generosas... y hasta el manzano deja caer sus ramas para que te quedes con su fruta... y en verano, cuando cae la tarde, anidan las golondrinas, te miran las cigüeñas y los escarabajos se acurrucan en el fondo del arbusto de Salvia... y desde más allá de las tapias se siente la tranquilidad del agua de la fuente, y te llama el ronroneo de los gatos y la brisa moviendo las hojas.. y eso, eso siempre gusta.
Si solo te riegas por fuera, las tapias, por mucho arreglo que le hagas, seguirán siendo tapias...tapias de más de 30 años, que sí: se encalan y tienen su encanto, incluso puede que más con 50 años si se han sabido mantener, pero desde luego, no hay nada mejor que una tapia generosa que te entrega flores y manzanas y que te gusta porque esconde un jardín encantado.

Lo mejor del paso del tiempo es que si queremos, nos hace mejores... Es el mejor regalo que nos puede dar el paso del tiempo...

(Para Paula, que toda esta reflexión la provocó ella y que cumplió 30 el día 1 y hoy lo celebramos; para Cristina, que hoy cumple 32 y para Nani, que no le gusta ver cómo hemos cambiado)

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Comentarios

  1. Mil gracias

    Comentario de Cristina hace 4 años y 51 meses


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