una tarde mágica
pilar lópez casquete de prado - 25-07-2005 22:21:35 | Categoria: de mentira de la buena

A veces tengo que escaparme y a veces tengo que parar yo. Las cosas fuera están quietas pero yo no, por eso, tengo que pararme y para eso, la única forma es escaparse.
No suelo hacerlo muy a menudo (perdería todo su encanto) pero cuando lo hago es porque ya se me están cerrando las ventanas, se me cierran solas y no veo por dónde entra la luz. Ni siquiera confío en que fuera sea de día... entonces es cuando me quedo sin aire, porque está todo lleno de palabras y yo no estoy, y justo es entonces cuando de alguna fórmula matemática muy mágica salgo del escondite y me voy a donde solo estoy yo.
Abro los ojos, los oidos, el corazón... cierro la pantalla del ordenador, apago el móvil y salgo del coche...tengo los dedos llenos de teclas. Demasiado plástico y demasiado metal...y no sale ni aún lavándome las manos.
Me asomo al acantilado. Me asomo con vértigo hasta donde puedo entre las rocas y allí abajo también estoy yo. Yo soy la de debajo del agua, yo soy la que no se cómo se llama. Yo soy la que está sola y la que es, la más chica, la más simple. La que casi no se ve. La que está libre.
Hoy me he paseado por la ciudad. La ciudad estaba llena y era fiesta. He visto a la vieja, saludándome como si fuera nueva, he visto el sol pegado a hilachos en el río y pegado a las paredes de la Torre y he visto a los niños envolviéndose en la noria pequeña. Olía a hierbas que no se, y vendían frutas que no probé. El río refrescaba la tarde y era fiesta en la Calle Betis. Llena de luces, de risas y contenta...así estaba Triana.
Y yo seguía andando despacio, y nadie me veía, y nadie sabía quién era...sólo lo sabía yo. Y recordaba los sabores de verano de Carlos Colón en su columna del sábado. Y entendía a qué se refería. Tanta prisa no es buena, la prisa no tiene sabor.
Llegué hasta Amalfi (yo no sabía que estaba ahí, tan cerca), con el corazón lleno de aire de acantilados y los ojos brumosos de champagne, y se me olvidó quitarme las perlas de Scarlett Johansson y de allí salí soñando hasta Santa Ana. Y allí me regalaron las palabras que terminaron por llenarlo todo de silencio. Y paseé por la calle de Pelay Correa. Y me fumé un cigarrillo. Y seguía con el móvil apagado.
Y he sacado algo en claro: cuando estaba en el acantilado, en esta costa de Amalfi (la verdad, no me la imaginaba tan impresionante...), sentada mirando el mar, cuando casi se ponía el sol, ha venido Oscar Wilde a saludarme y me ha dicho que os diga a los tres que sí, que llevábais vosotros razón, que no hay quien nos entienda: La fuerza de las mujeres depende de que la psicología no puede explicarla. Los hombres pueden ser analizados; las mujeres sólo pueden ser amadas... por eso no me entendéis... y por eso, cuando voy a Amalfi por más que espere, estoy allí sola, pero es que ya se sabe: estamos condenados a no encontrarnos...y eso sí que tiene encanto. Es más, por eso voy a Amalfi cuando os veo camino de la Bodeguita Puente o de Casa Manolo, con los ojos echando chispas.
... Es curioso, cuando estaba terminando de escribir los dos primeros párrafos de este post me has llamado y parecía que habías leido lo que acababa de escribir. Igual se me escapan las palabras y hablo en sueños, así que aunque este post no hable de tí, te lo regalo.
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