Los postres mágicos, Bochun y el Jardín Botánico
pilar lópez casquete de prado - 25-09-2005 22:59:38 | Categoria: de mentira de la buena
Muchas veces (lo tengo investigado y demostrado) las historias que empiezan en una comida o en una cena, pueden ser tal como son los postres o el final de la cena. Por ejemplo: si en la Taberna del Alabardero tomas el postre "juego de niños", seguramente tengas una historia inmadura, infantil y de color rosa y nata. Si tomas "gelatina de ginebra, con soberte de limón y cracks de caramelo tostado" sea más amarga que dulce y te deje los ojos brillantes y saltones por culpa del limón.
Si no tomas un postre, si no que mezclas, la historia será indigesta y terminarás empachado...
...y si no tomas nada de nada, la historia será insípida.
Quizás por eso, el viernes terminé la cena con té verde. En realidad, aquello no era té. Al principio era ligeramente amargo y pensé que lo iría saboreando poco a poco... y no...me equivoqué: al final fue mucho más amargo. ¿Sabes por qué? Porque ahí estaban concentradas todas las hojas, las hierbas, y las plantas que nos sobran y nos quitan el agua. Y sobre todo esas que nos complican la vida: ahí estaba la maleza y las ortigas... y al convertirlas en infusión y bebértelas, tenías el antídoto, ese que te hace superhéroe Marvel y que te hace reir, dar besos y cantar por la calle y te ayuda a darte la vuelta para decirle al que viene detrás aquello de "si al final, las cosas son más simples de lo que parecen"...
Al día siguiente, en un día de tiendas, hice un descanso y comí con Vicente, y como no podía ser de otra manera, el postre fue una bomba de chocolate. Frío y seco por fuera al principio y poco a poco, calido y suave por dentro. Un chocolate chocolate... de verdad... (Como él no lee el blog, te diré que me encanta que podamos ser amigos. Amigos de verdad... creo que ha merecido la pena pasar las páginas... yo al menos, he ganado un amigo y muchas risas, aunque ya no haya mus de chocolate a la luz de la luna en un picnic nocturno en la playa...pero esa, esa es otra historia)
Me llevó en moto y al pasar por el Jardín Botánico volví a notar el frescor que te deja sentir en verano si vas en moto y pasas delante de él. Justo así es Bochun: lo hace todo tan sencillo, es tan agradable (¿o somos los dos?¿O es cosa mía?), que tomarse un Bitter Kas (sí: aún existe) con él en la plaza de Chueca es tan natural, relajante, tan suave y tan agradable como ese pasar por delante del Botánico... Además, el tiene la virtud de saber esconder en el jardín Botánico (¿o somos los dos?) todas las plantas, hierbas, ortigas y malezas que no nos hacen falta y que se habían quedado fuera de aquella infusión... y así convertirlas en una de las sensaciones especiales con las que me recibe Madrid, cuando salgo de Atocha y subo buscando a la Cibeles.
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