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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

Si cierras los ojos te cuento un cuento...

Primero fueron los peces. El mundo estaba lleno de agua: Holanda, la dulce Holanda no era más que agua salada y las montañas del Kilimanjaro apenas sobresalían medio metro, cuando las mareas eran bajas.

Como todo era agua, todo eran peces. Verdes, grandes, azules y amarillos, largos y escurridizos, peligrosos o asustados... todo eran peces y flores de mar.

Después el sol se hizo más grande y se fue bebiendo el agua. Tenía calor... y se la bebió... Entonces el Kilimanjaro fue una gran montaña y la pequeña Holanda se llenó de canales de agua dulce.

El agua de mar era más chica y todo se lleno de peces... así que alguien vino a poner orden y empezó a organizarnos... unos irán fuera del agua y otros dentro... venga... decicid: ¿dónde queréis estar? Los conservadores, los miedosos y los aburridos, se quedaron en el agua. Era lo que ya conocían, ¿para qué cambiar? Total...si será más de lo mismo...mejor nos quedamos aquí... vete tú a saber qué habrá allí afuera... además, será cansado aprender a vivir allí...
Los valientes, los conquistadores y los inquietos, salieron corriendo a ponerse en la fila de salir al nuevo mundo.

Hubo mucho ajetreo pero todo se organizó sin necesidad de buscar un bombo y sacar números, sin repartir a pito pito colorito... en cinco minutos casi todos estaban donde querían estar...

Sin embargo, hubo un pequeño grupo que no sabía que hacer. Dudaban si quería ser de fuera o de dentro... sacaron la cabeza... pero no ... no estaban seguras... se volvieron a meter... no, no, aquí tampoco... Como tardaron más de la cuenta, la mitad del cuerpo se les hizo de agua y la otra mitad de tierra.

Los que decidían, cuando ya ordenaron a todos, se dieron cuenta de ellas. Eran 14 o 17, no recuerdo... y se acercaron a ayudarlas. Pero no pudieron... no había manera de hacerlas elegir un sólo camino. Se hizo de noche, volvió a salir el sol tres veces, llegó la luna cotilla...tres veces más... y nada... allí seguían.

Los que ordenaron, les dijeron: está bien...hagamos una prueba... salid fuera del agua y si os gusta, os quedáis... Las 14 o las 17, no recuerdo... salieron a la tierra, pero allí no podían ser: se tragaban todo el aire de los demás, dejando secos los árboles y sin aliento a los terrestres...volvieron al agua... allí estaban tan tristes, que no paraban de llorar... y provocaron riadas, campos anegados y una subida inmediata del nivel del mar.. fue tal la inundación que casi hacen que la pobre Holanda temiera por su supervivencia.

Los que decidian, se dieron cuenta que no podían decidir. No sabían qué hacer, así que llamaron a Blancanieves, a la Bella Durmiente, a la Cenicienta, la madre de las 7 cabritas y Caperucita Roja para que analizaran la situación y encontraran una respuesta. Eran las únicas que no habían decidido que ser, porque ya eran así desde siempre y tenían una visión más objetiva del tema.

Después de mucho pensar, trazar planes, sentar en divanes azules y eternos a las 14 o 17, no recuerdo... llegaron a una conclusión: ellas no eran de tierra, y tampoco eran de mar, así que lo único que podían hacer era vivir en la tierra a ratos, añorar al mar y...cuando no pudieran más, cuando se fueran a asfixiar y beberse todo el aire, volver al mar, aunque eso les hiciera echar mucho de menos a la tierra y sus paseos. Tendrían un corazón la mitad helado y azul petróleo, como las aguas del mar y mitad dulce, amarillo y brillante, un poco más seco, pero sonriente, como las arenas del desierto en la puesta de sol.

Nunca serían del todo felices, siempre les faltaría un pedazo para ser redondas, pero sólo ellas tendrían la suerte de vivir en la tierra y en el mar. Donde ellas quisieran. Sólo ellas podían volver a decidir una y otra vez qué querían ser, sin miedo a equivocarse. A ratos serían tristes, sí...pero siempre podrían ser valientes. Le pusieron un nombre especial, sobre todo pensando en cuando aparecieran en historias y cuentos infantiles, para que nos fuera más fácil reconocerlas, aunque eso supusiera crear un estereotipo. Desde entonces, las llamamos sirenas...

Escrito en Sevilla y barruntado en el AVE. Un cuento para contártelo a ti, porque te gusta escucharme y si te gusta, para que lo cuentes cuando te encuentres con una sirena (por cierto: es mi primer cuento que también es para niños...) . Además, es un cuento para que sepas que yo no estoy triste... es que yo soy así. Yo sólo soy una sirena.

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Comentarios

  1. Cerré los ojos... y me quedé sin poder leer el cuento. ¿Te pasó lo mismo con cierto SMS? ;-) Un abrazo fuerte.

    Comentario de Eu hace 4 años y 51 meses

  2. YO SÍ LO HE LEIDO Y ME RECUERDA A ALGUIEN ¿QUIEN SERA?

    Comentario de GIMENO hace 4 años y 51 meses


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