¡qué bien huele la cal!
pilar lópez casquete de prado - 05-10-2005 22:07:34 | Categoria: de mentira de la buena
Hoy se me han juntado tres olores de repente... el más claro ha sido el olor a la cal mezclado con agua.Qué verdad es que un olor te lleva a una imagen, con tanto detalle y con tanta fuerza, que te traen el recuerdo justo justo a la punta de tu nariz. Y se hace de verdad.
El olor a cal me recuerda a Segura. A los días de principios de verano... a esos días donde yo tenía 4 ó 5 años y jugaba a ayudar: a ayudar encalando la casa, para que brillara con más fuerza en las mañanas, camino del mercado... en esas mañanas que Presenta y su burro vendían a gritos la cooool, la zanahoria... y que hacen que desde mi más tierna infancia sepa qué es una albérchiga, un puerro o un manojo de acelgas.
Esa pared de cal aún hoy es de un blanco que quema y por aquel entonces ya hacía contraste con la hora fresca de la siesta, de ventanas cerradas y puertas entornadas... siesta por obligación. Hora de jugar a hacer figuras con las marcas del techo y a hacer muñecas con las del papel pintado de la pared... porque dormir... dormía poco.
Y esa cal me trae a Antonia y a Rosa, con pintas de cal en la cara, secándoselas con la parte de fuera de la mano o... apoyando los brazos en la cadera con cuidado de no manchar con la brocha la falda... y la falda, las alpargatas... el delantal y las risas de Antonia y su buen humor. Risas de ataque, de esas que dan flojera y ocurrencias brillantes que hacían más corto el trabajo. Y yo... ayudaba. Encalaba en una esquina y miraba cómo se hacía.
Después vino el olor del aceite de oliva y me llevó a la mayonesa. La mayonesa que hacía mi madre en casa, como también hacía la mantequilla... era cuestión de paciencia y tesón. No había secreto ni truco. Paciencia de mañanas largas de sábado, aburridas pero hoy llenas de encanto desde esta distancia...Y yo... ayudaba, aprendía y miraba, concentrada en el milagro de la nata que se hacía mantequilla... una nata que venía con la leche que iba a comprar a la vuelta de la esquina... y que traía yo en una lechera metálica... Ayudaba haciendo recados, aprendía y observaba el empedrado de mi calle... ese que vi poner unos meses antes. A mano, con unos grandes mazos y haciendo fuerza y equilibrios para que quedaran perfectos y sin huecos aquellos bloques de granito.
Y es muy bonita mi infancia y está llena de cosas como esta, que me hacen vibrar... la miro desde lejos y digo: caramba... todo eso lo he vivido... todo eso es mío y todo eso soy yo... y mi madre, mi hermano, mi padre... y me ato a una encina de Tinoco, y me besa la puesta de sol de Segura, y juego con las piedras del Cerro Gordo y a lo lejos veo la sierra de Huelva, y más allá está Sevilla... y allí, justo allí...empiezo a soñar y se me ponen los ojos brillantes... sí...todo eso es mío y sólo tengo que oler a cal y viene todo, tan de golpe...
El último olor es el del Curry...pero ese lo dejo para mañana... que vamos a comer a un Indú...
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