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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

y es que... es tan fácil...

Al entrar en casa me crucé con unos palillos de madera, de esos de comer comida oriental... son de madera, sin barniz y sin adornos. De palo clarito. De restaurante japonés.

Están sin usar, en una mesa a la entrada de mi casa. Llegué de Madrid, deshice la maleta en la puerta (donde venían los palitos) y allí han encontrado su hueco.

Los miré, nos miramos (los palitos y yo, sí) y me acordé de algo que aprendimos juntos (los palitos y yo, sí): resulta que, si utilizas una gomilla de esas de color ocre, gomillas de toda la vida, de goma... y la enroscas en la punta por donde terminan los palillos, puedes comer con ellos sin necesidad de saber usarlos. Funcionan como unas tenazas. ¿Fácil? Sí...

Las cosas son más fáciles de lo que parecen. Es cuestión de pensar... y no olvidarse que, además de pensar hay que actuar.

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