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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

Hoy soy Masai

¿y cuándo no?

Una vez oí que los masais viven tan al día, tan al presente, que si uno de ellos es sacado de su habitat por un tiempo, aunque sea corto, se muere. Se muere porque cree que esa situación no va cambiar.
Vamos, que si le quitas la luz un ratito, como si fuera una planta, casi no pueden luchar por buscar el rayito de sol, porque creen que nunca más volverán a estar rodeados de vida.

Muchas veces soy Masai. La verdad: soy complicada. No me enfado, no pataleo (más de lo necesario) pero sí soy de extremos. Y también me tomo a veces la vida como ellos. Como si nada fuera a cambiar. Sobre todo cuando algo no me gusta... Paradoja, ¿no? Cuando si quiero algo, no paro hasta conseguirlo y suelo ser luchadora... y sacar rayos de sol hasta de las noches más cerradas.

Igual es que me canso, igual es que tocan esos días en los que sabemos a qué huelen las nubes... igual es que me aburro si no hay sol y entonces me enfurruño y digo que no hay luna... en realidad es que soy caprichosa y sólo quiero que me lleves en brazos a mi cama y me cuentes un cuento antes de quedarme dormida.

Menos mal que un ojo azul, grande, quieto y tranquilo me ha dicho que no soy Masai mientras me arropaba y remetía bien las sábanas para que no se colara el frío. Después me ha dicho al oido que mire el paisaje desde fuera del cuadro y entonces, cuando lo he visto en sueños, me he partido de risa... Y al despertarme, me he dado cuenta que tengo un anillo nuevo. Uno como el del cuento de Bucay, el del rey ciclotímico, el anillo que le quitó las penas y le hizo moderar sus extremas alegrías, porque dentro tenía grabado un: esto también pasará. Y sí, soy ciclotímica... como tú... porque si todos tenemos un ying y un yang, un lado femenino y un masculino, todos también tenemos un lunar ciclotímico, con forma de luna, escondido en alguna esquina de nuestro cuerpo.

El mio está en la cintura, justo al lado derecho del ombligo. La verdad es que es bonito (aunque no está bien que yo lo diga) ,pero sí, lo es: es redondo y sugerente y creo que algo castizo. ¿Dónde está el tuyo?

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