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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

un cuento

Anoche me escribí un cuento. Bueno... Anoche, me conté un cuento. Un cuento antes de dormirme, por si no podía dormir. Un cuento sereno y que se riera solo, para despertarme temprano y con buen humor. Un antídoto por si el despertador traía una mañana llena de nubes grises. Y funcionó.
Anoche me conté que dormía contigo.
Anoche de repente, me abrazabas. Cuando mi hermano y yo éramos pequeños jugábamos a juegos sin juguetes. Mi favorito era enlazar piedras pequeñas, haciendo círculos que no estaban del todo cerrados. Eran cercas. Pequeñas cercas de campo, cercas de piedra, para encerrar a ganado invisible.
Anoche eras mi cerca de piedra, me rodeabas casi entera y yo jugaba a ser la oveja invisible. Es curioso: ayer, justo ayer, fue un día invisible. No había reloj, el tiempo era invisible y yo no estaba en el mundo. Yo era tan invisible como el mundo de Alicia, como el mundo especial que tenía escondido de pequeña en el fondo de la bañera.
Anoche yo estaba escondida justo en la cerca. Era una oveja. Y tus brazos eran una guirnalda de piedra que me encerraba para que el mundo real no pudiera ni tocarme. Para que el tiempo no pasara. Para que la noche fuera más larga. Y aún es de noche. Funcionó.
Antes de abrazarme me dabas un beso. Un beso largo y eterno (eterno porque no tiene tiempo y porque cuando quiera lo traigo a mi mente y es tan real como aquel de anoche).
De repente (y esto no lo se escribir bien, no soy capaz de que quede bonito, sólo puedo contarte cómo fue) dejé de besarte... Y te diste cuenta: mi beso se había acabado. Entonces fue cuando me abrazaste e hiciste la cerca de piedra. Y fue cuando yo me hice la oveja invisible.
De oveja pasé a ser ovillo y de ovillo, a ser sólo un sueño...

Y cuando me terminaba de contar el cuento, me quedé dormida. Por eso no se cómo acaba. Pero me da igual. Tengo un beso eterno, guardado en la carpeta de los besos eternos (donde sólo ha soportado el paso del tiempo un beso, el resto se han caido, se han borrado o han huido acomplejados al ver a su lado a besos mejores) y estoy segura que, cuando me esté quedando dormida, habrá una cerca de piedra que me rodee, deje quieto el mundo para mí y me sople las pestañas para dormir tranquila, para dormir contigo. Y con suerte, me escapo y soy una oveja pequeña. Una oveja blanca, diminuta e invisible. Una oveja para tu cerca de piedra.

Referencias

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Comentarios

  1. Hoy me has servido de inspiración para escribir un mensaje de amor que ha gustado mucho, pero mas me ha gustado a mi el que me han devuelto.
    Gracias.

    Comentario de Rusa hace 4 años y 50 meses

  2. Jo! Qué guay! Me alegro mucho! Yo también quiero mensajes de amor!! :-D

    Comentario de pilipili hace 4 años y 50 meses


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