Sanas costumbres
pilar lópez casquete de prado - 30-10-2005 23:10:21 | Categoria: de mentira de la buena
Hay tradiciones españolas que me encantan: la copla, los trajes regionales, los dulces típicos y españoles... y las fiestas del 1 de Noviembre.Me gustó ver el viernes que ya estaba cerca, porque de madrugada y por el centro, los tacones repiqueteaban, las calles se hacían más estrechas y corrían mojadas de lluvias ligeras... Y por cada esquina se llenaba de una niebla fina que fácilmente podría traer a Don Miguel de Mañara o, casi lo que es lo mismo, a Don Juan Tenorio. No podía ser en otra época ni en otra ciudad. Se acercaba el uno de noviembre y aquí sabía a teatro, a pasión, amores y muerte.
El verano pasado leí por primera vez el Don Juan Tenorio de Zorrilla. Lo leí a la sombra de un sauce llorón de piscina. Lo leí y encontré respuestas y también caricaturas. Lo mejor: me encantó porque sí. Porque es muy español: tiene nuestro carácter, nuestros miedos, nuestra filosofía... Encajar el Tenorio es más útil que quince sesiones de psicóloga, porque se ve que tenemos algo entre los genes y nuestra cultura que no cambia desde hace mucho tiempo y nos explica muy bien. Lo leí y me gustó repasarlo en noviembre pasado y hoy volverlo a releer contigo, aunque sólo sean unos versos.
En estos días de Estatutos, yo estoy más folcórica y tradicional que nunca. No lo hago a posta, me sale solo. Bueno, igual es que me están provocando. Yo las banderas de España las tengo más escondidas, aunque bordadas con hilo de Cadenas, y las llevo a gala, pero con mesura y en estos detalles. Creo que (cada día más) es fundamental tener una identidad. Con identidad no hacen falta ni vallas ni estatutos, pero esa es otra historia.
Como os decía, me gustan las tradiciones españolas y de este puente, me quedo primero con la tradición celta, que fue la que nos llegó antes que la católica. El año para los celtas acababa mañana, día 31. Ese día, las puertas de los muertos se abrían y en ese fin de año, vivos y muertos podían reencontrarse. Los católicos la adoptaron y la adaptaron y por eso vamos al cementerio y nos acordamos de los que no están.
Los cementerios: otro lugar pintoresco. Pero ese lo dejamos para otro día...
No me quedo con Halloween. Yo las calabazas me las como en la sopa y las arañas no me gustan, me dan pavor desde pequeña. El resto de cosas creo que están muy bien, pero las mías me gustan más.
Me gusta que una vez al año y sólo en estas fechas se represente el Tenorio. Me gusta más todavía ver los escaparates de las pastelerías llenos de huesos de santo y buñuelos de viento. Mi dulce favorito es el hueso de santo, junto con la técula mécula (dulce extremeño donde los haya) y los corazones de obispo (mazapán de las clarisas de Llerena). Dulces 100% españoles (o ibéricos, más bien, porque la técula es medio portuguesa) pero el hueso se lleva la palma. El hueso de toda la vida, relleno de huevo y con tanto azúcar que empalaga.
Me gusta no encontrarlos a unos y a otros en los escaparates o en los escenarios durante el resto del año. Me gusta que sean así de especiales. Tan discretos, tan poco pesados y tan fugaces. Es como que en este día nos acordamos de la muerte, pero poquito.
El resto del año seguimos con otros palos...
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