Hueles a otoño y yo soy como la luna de la playa
pilar lópez casquete de prado - 08-11-2005 23:16:41 | Categoria: de mentira de la buena
Al salir de la oficina ya olía a castañas y al llegar esta mañana a la Plaza Nueva, me he dado cuenta que está media plaza con los naranjos reventones de luces de Navidad. Odio la Navidad. Sólo me gustaría si pudiera estar en Brasil, tomando el sol y riéndome de los turrones del Almendro. Mientras llega, me quedo con el otoño. Me gusta como huele tu nariz. Huele a frío. Y cómo te brillan los ojos: azul clarito. Es de colores confortables y conservadores. Nada chilla, como yo, pero me gusta. Es que en otoño todo se para.No me gustan las castañas pero olerlas sí. Se me llena la boca, los ojos y las manos del olor tierno de las castañas. Un olor de casa bien habitada. De casa llena y con luz amarilla.
Me encantaría encontrarme en un valle leonés, mirando cómo las hojas del hayedo y el robledal se vuelven de rojo y amarillo huevo.
Y no hay ruidos. Hay menos ruidos y un lujo: no hay turistas. Si acaso el agua suena más fuerte, más rotunda y baila más alegre. Lo demás, se queda parado y sólo susurra.
Me gustaría estar parada y sola en el Deva, dejándome llevar por la corriente y escuchando que los pájaros sí cantan.
Me gustaría ver la luna en Rota, aunque estuviera sola y fuera un día triste. Verla parada en el cielo y moviéndose en el agua. Quizás yo soy como esa luna. Soy la luna del agua y quiero ser la del cielo, que sí se sabe parar.
Mi agenda va a la velocidad de la luz y yo voy sentada en el vagón de cola y mirando por la ventanilla. Riéndome cuando coge más velocidad y frunciendo el ceño si se para en una estación.
No se por qué corro tanto. Tampoco se por qué no me canso. ¿Un superpoder?
No se qué fuerzas mueve el agua, que me mueve y se rie de mi. No se porque estoy en el agua. La cosa es que estoy ahí. Como una sirena, claro.
Mañana, cuando suene el despertador querré quedarme quieta. Como estatua de sal y romero. Pero no... saldré de la cama, me ducharé y con la mochila del gimnasio, el termo de comida, saldré a la calle y no pararé hasta que no salga del Teatro de la Maestranza, con los ojos llenos de posts, de color almendra por la emoción y con una rama de menta en la boca. Y me reiré, me reiré al ver que me mueve el agua. Me bendeciré de no andar quieta en el cielo pegada, pero... ¿Y lo bien que estaría yo entre montañas de helechos, de robles y de lobos de León?
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