azúcar y sal
pilar lópez casquete de prado - 13-11-2005 03:05:34 | Categoria: de mentira de la buena
Me quedé fuera, estando allí, me quedé fuera. Fuera y lejos, para mirar y para ver.Vi las caras enfiladas de rojo y negro, de eye liner y rimel negro, de perfilador rojo y brillo rosa claro. De ojos borrosos, vidriosos, que pegajosos se enganchan al cristal. De tensa espera, de mirarse sin verse y de jugar a mirar de reojo para ver lo que uno no es.
Vi repasar con cuidado las líneas, vi marcar los rizos y dejar el vaso casi vacío y sin hielos en las estanterías. Aún así, no se por qué son tan largos esos minutos. Seguro que más de una preferiría acortarlos. Más de una no le gusta chocarse con su cara en el espejo del baño.
Por otro lado vi el grupo dirigido aún por el alumno brillante, pero que brilla más a la hora del recreo. Ese es que opaco cuando llega a casa. Ese que resta puntos cuando cumple años. Ese más alto, ese de nombre sonoro, ese que sin pestañear gana valor sin tener motivos, porque ni siquiera él sabe cómo saca los conejos de la chistera. La vida es injusta, tú ya no lo sabes, con los ojos casi cerrados le sigues a pies juntillas. Pero yo, que te veo de lejos te lo digo: la vida es injusta porque tú así has querido jugar.
Y yo, me he mareado. Casi pierdo el juicio, se me escapa la tensión y me caigo casi rendonda en la mitad de esa vida tan rara. Esa vida de noche, negra, oscura, donde el alma ha salido corriendo por la alcantarilla, perseguida por un perro que se la quería llevar a la boca. Y ha llegado allí, se ha caido y se ha dejado ir. Y yo, yo me he escondido debajo de la tensión.
¿Habrá sido para escapar?
No lo sé, pero ya estoy aquí. Me cuento veinte por ser capaz de llegar a casa.
La vida en mi casa sí que es perfecta. Es como el cajón de los calcetines.
Quizás por eso me mareé. Quizás por eso me quedé sin sal y sin azúcar, bajo cero de tensión. Quería volver a casa, abrir mi cajón de los calcetines: desordenado, caótico pero tan acojedor como el tuyo. Necesitaba estar aquí. Una excusa para volver a casa pronto. Esto sí que está en orden.
Mientras el cajón está abierto, después de haber repasado que todos estaban allí (medias, de rejilla, de colores... calcetines: del gimnasio, de lana, de hilo, japoneses... todos reliados pero tan confortables que te hacen sentir bien) he venido para asegurarme que aquí también todo está en orden. Es verdad, está en orden: tú aún te acuerdas de Hierro3, porque tu noche ha sido de cine en casa. Tú casi sientes respirar a tus hijos (después de un día de sol y parque) y un mensaje mío de esos de echarte de menos, amiga, tan dispares y tan imanes. Ahora también hay quien abraza un amor que también respira despacio y que no puede dormir porque prefiere escucharlo o quien duerme solo pensando en mañana (domingo de sol, desayuno y periódico), seguro que alguno restriega los pies para entrarlos en calor o hay quien sólo sueña y ella, ella, se sigue repasando el eyeliner en el baño y su amiga deja a tientas el vaso en la repisa. Ya casi no ve la repisa pero está más animada: es que ya sólo ve una nube en el espejo del cuarto de baño. Se abre la puerta, entra más humo y la música. Y el grupo aún sigue llamando al del nombre sonoro. La chistera está en su mano y hace equilibrios para que no caiga. Pero el mundo está en las nuestras. Es de azúcar y sal. Y mañana, cuando nosotros nos despertemos, el mundo será de pan de azúcar para que nos lo podamos desayunar.
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