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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

... debajo del paraguas de la caipirinha....

La luna está llena de peces.
Hay peces lunas y mientras, yo... yo beso y lamo el micro hasta que sabe a piruleta de corazón. Entonces digo... ¡ay! y allí estoy... y tú también, haciendo piruetas (piruletas) de corazón. Estás en el Oceanario de Lisboa y miro el mar que es un río (el Tajo) y nos esperan las copas después del Martinho de Arcada. Y sólo queda reirme. Porque siempre estás conmigo. ¿Ves? Aquí estás.
Y ahora, que no tengo ni mensajes, ni una llamada, ni oyes mi voz, te digo que soy el pez luna, ese que si dejas la persiana sin cerrar hace sombras chinescas para decirte que te quiere en el borde de la pared. La pared contraria la ventana. La pared un día de sol.Esa que tú ves cuando tienes insonmio y te llaman las tres a la vez: enciendes la luz y me ves. Y me ves con ojos con fiebre. Llenos de fiebre por primera vez.
Hoy no soy la novia imposible del batería de Sidonie. Hoy soy la misma lengua del cantante de piel blanca y perfil griego (viva Grecia y sus islas con sabor a desintoxicación) y te digo que te quiero, y doy tres volteretas y vuelvo a ser yo... y lamo el micro hasta que sepa a piruleta de corazón.
Es fácil quererte.
Estoy debajo del puente de Marco Polo, estoy en Venecia y estoy contigo. Y de aquí no nos vamos sin Nuno. Sin Tiago. Sin reirnos y sin pasar dos horas remando y oliendo a hierba quemada. Jaraquemada.

Estamos solos a la sombra de nuestro abrigo: un enorme naranjo, desde donde siempre se ve la luna: redonda, naranja y brillante como tú. Y me preguntas por el otoño. Y estás en Atocha diciéndome ¿ha llegado? y te digo que no. Las naranjas están brillantes. Ácidas como yo.. y por eso, yo... yo no paro de hacerte señales: sombras chinescas.. ahora, ahora que estoy tan lejos que ni mis sms están al alcance de tus dedos. Mis dedos se queman con mi teclado pero me dicen que no. Por eso te digo.. ¡ay! : respiro hondo. Cuento hasta diez. Sí, si: te quiero. Es fácil. Somos tan siameses como dos guantes de la mano izquierda. Está en código morse. Lo digo entre los resquicios de la persiana. Te despierto, para que me veas. Y tú me ves. Te ríes.... y tantas cosas... todo es redondo, ¿verdad? Sí.. y se mueve... y gira... ¿verdad?
Y te oigo a mi oido. Y me pongo roja. Sí... es verdad...
Nos vemos debajo del abanico de papel de tu caipirinha.

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