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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

el tiempo de Beatriz

Hoy, después de muchos años, Bea se ha levantado cuando los rayos de sol llenaban toda su casa. Puede que le haya despertado el móvil.
Ha ido a la peluquería y ha pensado qué hará en el próximo mes.
Bea ha cambiado de ritmo y eso hay que celebrarlo.
Por eso, ahora tendrá tiempo de leer el blog, así que le voy a escribir un post especial.
Somos amigas desde los 17 años. Años mágicos, de risas en Mazagón, jugando con los calcetines de dedos y tomando el sol en la tapia. Bebiendo copas a escondidas, inventando Happenings, Ginkanas y mil quinientos juegos para cansar al tropel de 14.
Años de risas en Loja. ¿Te acuerdas aquella noche que estuvimos a punto de dormir en un canal seco y por la mañana apareció lleno de agua? Risas bajo la luna, aplastadas por cienmilquinientascatorce estrellas relucientes y picudas. Mirando el cielo con ojos de querer ver más.
Hicimos esgrima; jugamos a ser la wendy de dos peterpanes de carne y hueso; nos gustó la publicidad y nos la quedamos como trabajo; fuimos a la piscina y al gimnasio juntas (y a ella le reñia el monitor por espídica y acelerada); pasamos unas vacaciones en Sagres y otras en París; cantamos (muy mal) y nos emborrachamos con cigarros en pipa y whisky solo y sin hielo... y nos escondimos en Madrid. Cada una por su lado. Con su estrés, por su lado.
Nos encontramos muchas veces, pero ella siempre tenía mucho trabajo.
Ahora me alegro que pueda parar ¿cuándo lo celebramos?
Tengo mucho que enseñarte, verás:
Enfrente del Campo de la Feria, hay una valla de un colegio donde se quedan atrapadas las hojas secas. No se de dónde han llegado, parecen ordenadas, pegadas a la valla como los cuadros a la pared de la exposición. Son medio transparentes cuando hace sol y de dorado seco cuando ya cae la tarde. Parece que se están riendo, porque no se quieren ir y es que... de aquí no se van, ya verás: pasa mañana.
También quiero cogerte fuerte de la mano y enseñarte a Lory Meyers, y guiñarle un ojo al batería, con camisa negra y cachetes rojos. Después te llevaré a la plaza de San Juan de la Palma, y desde una ventana te enseñaré otro tiempo lento, para que te lo quedes y para que sea tuyo. Para que te lo pegues como las hojas secas de la valla.
Y en la Calle Regina verás que el tiempo es más lento, pero está lleno de vida... y si sigues hasta Los Azahares, ya verás... no vas a querer volver al tiempo de antes.
Beatriz, el tiempo es tuyo. Esta mañana pasé por Loja. Por la carretera que se veía desde la casa, la de arriba. Y pasé despacio, pensando en tu nuevo ritmo. Pasé tan despacio que vi la casa. Y en la valla verde estábamos pegadas las dos. Mirando la carretera de arriba. Yo te decía ¿quién quieres ser? Y tu me decías. No sé, pero serás lo que quieras ser.

Referencias

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Comentarios

  1. La compasión no es un asunto de religión. Es un asunto humano. No es un lujo, es esencial para la supervivencia.

    Comentario de Zolsaihan hace 4 años y 49 meses


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