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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

Los domingos al sol

Menos mal... Ya terminó lo anormal y vuelvo a poder desayunar con el periódico: zumo de naranja, sandwich bikini y café con leche bien calentito. Hoy, permítanme, me he ido sola. Necesitaba recuperar la tradición tal como empezó, aunque me hubiera gustado también estar con el Sr. Muñuzuri charlando frente al café.
Leo el periódico y cruzo los dedos. En silencio y con los ojos le digo al camarero: "porfa, porfa, tarda en traer el sandwich para que me quede aquí un ratito más". Sonríe y creo que me ha entendido. Me sirve el café, me trae el zumo y el sandwich se hace esperar.
Van llegando parroquianos, que como yo, los domingos ya no vamos a misa y sí leemos el periódico con ojos con hambre y pulmones ávidos por suspirar con Maruja, con Juan o con Javier (Marías).
Van llegando y hoy hay algo que no me gusta. Un abuelo me sonríe (con corbata amarilla, que se ríe tanto como él, pegada a su cuello) y otra señora solitaria (con periódico y edad de abuela) nos mira y se hace cómplice. Un segundo en el que si uno hubiera dado un paso, nos habríamos sentado juntos a charlar... pero no... otro segundo más y volvemos al periódico. Qué pena, porque hoy tengo ganas de que me adopte un abuelo y charlar del periódico y ver que, entre líneas, el suyo con grapas y el mío, más grande, casi dicen lo mismo. Y reirnos con el jersey lleno de migas de pan.
Pero no, volvemos al periódico. Aún recuerdo a un viejo amigo que prefirió durante un tiempo cambiar las personas por los libros, porque no le traicionaban. Suspiro: menos mal, a pesar de estas mis costumbres, sigo soñando con abuelos con los que charlar.
En fin, seguiré leyendo. Sigo y encuentro recetas de cocina, conozco un poco más a Sharon y entiendo que el fin de año nos afecta a todos. Me preocupa Mena y en mi periódico y el tuyo andan con sustos.
Termino de desayunar y vuelvo a casa. Voy a la de mi padre, que está más calentita y además, está él. Está leyendo el periódico mientras mi madre termina de fregar el suelo. Se queja pero no deja que me vaya sin pisarlo. Me siento al lado de mi padre.
El también tiene un periódico de grapas y el Diario de Sevilla. Lo leemos a la vez, nos contamos a la vez, casi lo mismo. Me hace bromas con mi jersey (sin migas), me dice que si seré la hija de Evo Morales. Le hablo del sociólogo francés y él de Antonio Burgos y Mingote. Después nos reimos y el se sube a la cinta de andar, mientras mira por la ventana. Mira a lo lejos y sonríe ¿En qué estará pensando?

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