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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

los sueños no se ensucian los zapatos

Tengo una amiga que tiene un blog. Y además, escribe cuentos.
Ella no lo sabe todavía, pero... Sí, me temo que sí. Ella sabe escribir cuentos y contar historias.

El otro día me contó una y, como ya estoy advertida que en mi bolso se roba, pues he aprendido: Si hoy lo abres, te vas a encontrar de lleno con algo que no es mío (así que esta noche, llámame Marnie, que miro). Igual me invento algo, pero será como esos pastiches que hacían los venecianos con las cosas que se encontraban y que se llevaban a su plaza de San Marcos y que aún siguen llenando Venecia de elementos tan poco de ella, pero tan apropiados que parecen indiscutibles.

Resulta que mi amiga tenía un novio gallego hace algunos años. Estaba de hecho en Galicia, pasando las vacaciones de verano, con su familia. Terminó el verano o terminó con su novio, no se qué llegó antes, pero las dos cosas pasaron porque por lo visto, a ninguna de las dos le quedaba otro remedio.
No te lo he dicho, pero es que mi amiga estaba en Galicia porque de allí es su familia y el amigo de la familia. Uno de aquellos últimos días de vacaciones, el amigo de la familia le preguntó por su novio y ella contestó que ya no tenía.
-Vaya... estos hombres... ¿En qué estarán pensando?. Comenzó con este discurso tan habitual el amigo de la familia, que siempre, en algún trozo tiene aquello de "ya no son como los de antes" o un "te mereces algo mejor" o "qué querrán"...
Antes de terminar con el resto de items del discurso, mi amiga le paró en seco, con su voz dulce y sonriente.
-Yo no se qué buscarán, pero yo, después de este, ya sí se lo que quiero. Quiero un hombre que se ensucie los zapatos.
Al amigo de la familia se le quedaron heladas las retailas en el paladar, así que mi amiga pudo seguir:
-Sí, verás, uno de esos que no sólo se miran si están bien peinados, si les combina el jersey, si tienen dinero para comprarse un coche o si les duele la espalda por esperarte apoyados en una farola. Uno que no le importa mancharse los zapatos, y no por cruzarme en brazos sobre un barrizal, no... Ya sabes que eso lo hago sola. Me refiero en general. Que no se esté mirando tanto como éste, vamos.

Cinco años después, el amigo de la familia escribió un libro y mi amiga fue a que se lo dedicara. Como ella sabe contar historias, el amigo de la familia sólo pudo ponerle una dedicatoria... "porque los sueños nunca se ensucian los zapatos".

Así terminó la historia mi amiga y empezó a sonreir, destacando las mejores jugadas. Repasándola y subrayándola... Y cuando estaba terminando (el café, el verano, la historia y el novio) yo ya estaba empezando a escribir este post.
Dos días después, haciendo brindis esotéricos, de esos de akelarre y de cuatro amigas cenando y bebiendo vino (por supuesto), le soplamos el brindis: brindamos por sus sueños, por los zapatos limpios y por los sucios.
Y... Ahora que lo pienso, yo prefiero tener que limpiar los zapatos cuando vuelven de la fiesta que tenerlos guardados en su caja. Y si hay que ponerle tapas, y si volvemos descalzos y con los zapatos en la mano, si nos salen ampollas en los talones, que nos quiten lo bailao.

Al final va a ser verdad: a un hombre se le conoce por sus zapatos...

Referencias

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Comentarios

  1. Y yo quiero un hombre en el que apoyarme y al que apoyar e impulsar. Que me sume, no que me reste. Que me bese en la Plaza Nueva y que me mire sin que yo le vea.

    Comentario de Cristina hace 3 años y 48 meses


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