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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

Si fuera princesa...

Pediría, (que para eso soy princesa) que no me bautizaran por la cabeza, si no por los pies.
Pediría un océano, o mejor aún: un río imposible de atravesar nadando dos mil metros, y ahí, justo ahí me mojaría los pies.
El agua fría, que no, que no me meto... hasta la rodilla, puede... y bueno, ya que estamos, casi hasta el ombligo... Y ya que estamos, vamos a mojarnos, que es la única forma de estar vivo.
Si fuera princesa, pediría no serlo. Pediría que las aguas del Jordan se retiraran y se dividieran por la mitad, y casi veo a C. Heston con el bastón en la mano cumpliendo mis deseos. Y ese agua no es mi agua si no me moja los pies.
Si fuera princesa, dejaría a todos fumar. Fumar puros en mi bautizo. Mi bautizo de pies chicos y blancos, de pies perfectos con ampollas, de pies secos de andar descalzos, pero tan blancos y con dedos tan finos que ninguno caería a mis pies, pero todos caerían por mis pies.
Con una estrella grabada a sangre en el tobillo, una estrella alrededor de la que giran 360 grados de sueños brillantes.
Si fuera princesa me haría republicana. Sería amarilla, roja y morada.
Si fuera de verdad princesa, querría ser invitada. Invitada a la vida. Invitada a vivir, como Nuno. Y Nuno es de otro post, pero un día saldrá corriendo y se quedará aquí agarrado. Y será Nuno aunque no le bauticemos. Y Nuno será el invitado de honor en mi vida. Porque al final (y esto también lo he robado, se me ha quedado pegado como un pos it) en esta vida, deberíamos comportarnos como invitados. Venimos un rato, pues vamos a estar de fiesta... ¿No? Ahora voy a H&M a comprarme una chaqueta roja rematada en dorado. Y me la pondré con unos vaqueros. Y seamos la cigarra, la cigarra, que si fuera princesa pediría que cantara en mi bautizo.
Una cigarra que es una hormiga. Una hormiga disfrazada de cigarra para la ocasión, que fuma y que bebe y que viste de fiesta de lunes a viernes. Y que toca la batería en mi bautizo. Mi bautizo de princesa sin zapatos de cristal.
Y ahora, que ya es hora, me voy a dormir. Con una sonrisa y una ramita de menta en la boca.
Me siento invitada, me siento honrada. Hasta mi buzón llegó un día esta carta que dice que yo estoy invitada al bautizo, que estoy invitada a vivir, y encima, no soy la princesa. Sólo soy una hormiga-cigarra. Y cuando vea a Leonor le diré que se haga la raya con otra agua. Con la del grifo. Con la que corre serena y no viene en vasijas secas. Con esa que te enreda el pelo: la del río de Ucrania que no hay forma de atravesar.

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