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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

Love is a force of nature

Tenían un bar que hacía esquina. Muchas veces nos sentábamos en el escalón del portal de enfrente, con las bocas llenas de nocilla y con las bicis aparcadas al lado, mirando a ver qué podíamos extraer para seguir contándonos aquella historia. Alimentando esa historia oscura, llena de agujeros, que nadie quería contarnos.
El bar era pequeño, tenía un toldo negro y blanco de rayas y la decoración desde lejos era brillante y de colores fuertes. Pásabamos allí las horas, pero nunca fuimos capaces de ir a pedir un vaso de agua, como hacíamos en otros bares cuando estábamos cansadas de correr o de ir en bici. Se quedaba paralizada nuestra curiosidad por el miedo.
Creo que a todas nos gustaban aquellas historias secretas y sórdidas, que nadie nos contaba, pero que sabíamos. Que sabíamos porque las inventábamos y llenábamos de vacío oscuro y absurdo. Alimentando lo que otros no sabían entender.
Si de repente uno de los dos se asomaba a la puerta y nos miraba curioso, las cuatro corríamos calle abajo, dejando caer los zapatos de suela del colegio por la acera, haciéndolos sonar hasta el cruce del siguiente bar, donde nos sentíamos como en casa al ver a los padres de nuestras amigas.
Sí, le teníamos miedo a aquellos dos hombres diferentes. Vestían con gorra marinera y camisas hawainas y si la madre de Sofía nos veía sentadas allí, enfrente, sin hacer nada, nos reñía mientras nos arrastraba al parque o a merendar en su casa y jugar a las Nancys cerca de su vista.
No sabíamos qué eran, pero algo nos hacía pensar que nada bueno. Mezclábamos aquella historia con las palabras de la enciclopedia de Mariola, que casi no entendíamos y que ilustraba tan poco como las catequesis de la comunión, los pecados y los mandamientos.
Nadie nos lo dijo, pero tampoco nadie se molestó en explicarnos la verdad. Eso no son cosas vuestras, no os acerquéis allí, cuando seáis mayores lo entenderéis, no tenéis edad, allí no se juega... mientras entre dientes oíamos la palabra vicioso, repugnante o similares. Nadie vino a sentarse con nosotros al escalón para decirnos la verdad, que Love is a force of nature y all you need is love... y el que ama, nunca puede estar haciendo algo malo a la vez. Y tuvimos que esperar a ser mayores y entenderlo todo.
Creo que el local sigue teniendo aspecto de bar, aunque ya está cerrado. ¿Quién sabe? Igual ahora no es tan complicado y viven tranquilos. Uno va al mercado por la mañana y el otro le espera y aún le da un vuelco cuando oye la llave contra la cerradura. No se siquiera si siguen vivos. Deben de ser mayores. Ojalá aún estén juntos y les siga importando un comino que los demás no entiendan su amor. Ojalá no se sigan sentando enfrente de su casa niños curiosos a los que nadie les quiere explicar el amor.

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