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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

Ofú, Timi: S-E-G-U-R-O

Venía en el coche, con frases pegadas. Pegadas desde hace casi una semana. Pegadas, atadas, sin querer irse. Yo las intentaba soltar, pero ellas, se pegaban fuerte. Frases que jugaban: Queriendo ser carne de post y yo diciéndoles que no. Sacudiendolas y quitándolas como las bolas del jersey de lana.
Pegadas como la camiseta de los Rollings que lleva un vigilante del Reina Sofía. Verás, hace tiempo que no lo veo, pero antes, cuando iba a ver a Sonia de Klamery, detrás de Sonia y los pavos reales estaba él, con su melena y su pantalón de traje extrañamente y estudiadamente estrecho por los tobillos. Y la camisa blanca, y debajo de la camisa, la camiseta con la sonrisa roja y nublada debajo del blanco perfecto, perfecto y de uniforme, de un perfecto que delata. Debajo, la sonrisa de los Rollings. La sonrisa borrosa y la melena estudiada (de esas que sólo son melenas si te ven de espaldas)
Vigilante de sala y sonriente (por dentro, desde la camiseta) y por fuera. Porque con su uniforme transparente se reía de todos. Es fácil: con una sonrisa de los Rollings... Es fácil. Con una camisa blanca y tan fina se le ven a uno hasta las entrañas y las suyas sonaban a Rock.
Y ahora, con ochenta cuentos, cuatro post y dos historias atropelladas, venía corriendo y de repente, abrí www.bitacoras.com... La camiseta de los Rollings, el vigilante y su uniforme me han dejado parada... Y es una de esas cosas que se me quedan pegadas como las pinzas de la ropa a las camisas mojadas, así... Así venía pero me he parado y he abierto un nuevo post.
Desde que dejé el blog se me ha escapado: mi cuaderno está apuntalado, con frases pegadas hasta en las lengüetas donde no caben las letras. La agenda está cojeando en el mes de febrero, con post it pegados con frases que empiezan cuentos. Las cervezas que bebo empiezan atropelladas, contando, hablando, hilando lo que antes estaba aquí y ahora me he llevado a un sitio donde no había nadie y no estoy ni yo.
Ofú, Timi. Esa se una frase que se hace si lees las dos columnas que hay enfrente de la estación de Córdoba. En una pone OFÚ. En la otra pone: TIMI. Pues eso: Ofú, timi... Estoy pegada al blog, como la camiseta está pegada al uniforme del vigilante del Reina Sofía. Ofú, Timi... Estoy segura. Y me río. Como el vigilante. Mmmm (me encanta encadenar emes, ¿a tí no?) me gusta tener un blog.

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