Cómo hemos cambiado...¿O no?
pilar lópez casquete de prado - 24-02-2006 09:58:43 | Categoria: Te lo juro, por el plástico más duro

Hace 25 años, vivíamos en un pequeño piso de Azuaga. A las seis y media de la tarde, mi madre estaba en la cocina, y en la salita, Don Tobías (el cura del pueblo, un señor mayor que solía dejarse caer a ver qué le caía de merienda, cena, aperitivo, … ) gritaba.
Mi madre no lo tomó muy en serio: su manera de pedir (café, tostadas, bizcochos, almendras, güisqui…) era gritando como si estuviera enfermo. Mi madre, al principio acudía preocupada. Después, un poco más parada. Ella, con ese natural servicial que la caracterizaba, acudía. Él, inteligente como todas las personas interesadas, seguía usando aquellos gritos para reclamar atenciones. No se por qué, se pasaba los días en mi casa, con mis padres. Supongo que le caía cerca de La Iglesia y encima le daban de comer y beber. Y aquel día había un bizcocho recién hecho.
Don Tobías gritó aquella tarde y mi madre, ya acostumbrada, acudió lenta, desde la cocina, pero acudió. Don Tobías estaba sentado en la mesa de camilla con la tele encendida y con la voz también. Los santos y las vírgenes se mezclaban con un ha sido ETA entre sus frases atacadas.
Gutiérrez Mellado seguía en pie, a pesar de la zancadilla y mi madre, casi se cae encima de la alfombra de la salita.
Mi hermano y yo debíamos estar jugando en la plaza, o con las bicicletas… O haciéndonos los remolones, para no llegar a casa con la mochila marrón del colegio. Los dos iguales: mochila marrón, colgada a la espalda y uniforme azul y gris.
No tengo una conciencia muy clara de aquel día. Se que le di importancia, se que me dio miedo, se que se me quedó marcado, entre triste y miedoso. Se que los uniformes verdes y los tricornios me recordaban a Franco, que para mí era aquel señor, del que sabía el nombre y poco más, que salía en un ataúd en el librito de fotos de Informe Semanal. Un libro que del que pasaba las páginas, una tras otra, una y otra vez, buscando las fotos de Felipe y de Sofía: El traje rosa fresa de Sofía (no toqué la tela, pero me lo imaginaba de piqué) el día que el Rey fue a algo serio a las Cortes y la corbata (¿sería como la de mi hermano, con gomilla por detrás?) y el pelo rubio de Felipe, con su cara tan seria en el Congreso de los Diputados. Las caras serias, la tensión. Mi madre preocupada, hablaba con mi tío Diego, hasta que se cortó el teléfono. Se cortó el teléfono y la tele. Música clásica y carta de ajuste para aquel día de tele en color. Nos miraba, tan seria… Y escuchaba la radio. No la había visto tan seria y con una arruga tan marcada en la frente desde que mataron a una chica en el pueblo. Una chica rubia, a la que nunca antes había visto (de hecho, no creo que me dejaran ver las fotos del periódico, creo que me las he ido inventando con los años) y a la que tantas veces me habría imaginado después al lado de la motosierra, con la camiseta naranja y en el agujero del cementerio.
En mi pueblo, como en todos los pueblos, algunos salieron corriendo camino de Portugal, la gasolinera se quedó seca y hubo hasta quien fue al almacén de construcción para hacerse un minibunker de paneles de madera y ladrillos. Un día donde todos se volvieron a subrayar si eran de su parte o de la contraria. Es que era un pueblo. Pequeño, donde todos se conocían y se seguían por el rabillo del ojo.
Por la noche dormí mal, mirando el techo, desde la cama-nido. Nuestro cuarto (medio improvisado, con tres puertas, que más bien parecía una estancia de paso) dejaba oír el murmullo de la conversación de nuestros padres en la habitación de al lado. No se si lloré, creo que no, pero… No se, tenía miedo.
Al día siguiente no queríamos ir al colegio. Ponían Gulliver en la tele. Era lo único que había en la tele.
Fuimos al colegio y por la tarde, volvimos a recoger la merienda y las bicicletas.
Por la tarde, todo se había esfumado. Como un mal resfriado, como unas nubes negras que ni siquiera dejaron agua.
Los viejos paseaban al sol de la plaza, el cura decía misa y volvía a por almendras y cervezas a mi casa.
Mi madre hacía otro bizcocho en la cocina. Mi hermano jugaba a los indios de plástico y yo a hacer de comer para las Nancys, que habían quedado con los Geyperman aquella tarde.
Unos años después hicimos una manifestación pidiendo calefacción para el colegio. Y años más tarde, mi hermano, mi madre y yo manifestamos nuestra discreta opinión sobre la labor del Cura Párroco en una inscripción conmemorativa de granito que había en la iglesia de la plaza.
Hoy, en casa de mis padres hablamos de aquel día de forma distendida, cruzando opiniones contrarias en la mesa de camilla. En la oficina era un juego de niños: un “¿Te acuerdas?” y un “¿y qué pasó con?”. Suárez ya ni puede hacer memoria y Tejero toma el sol en la costa de Levante. El Rey sigue haciendo lo mismo (nada) y Letizia hace suyas las frases ajenas. Ya no es republicana.
Respiro hondo. Sí, estoy contenta: Antes de ayer, Greenpeace consiguió que el hotel de Almería dejara de construirse y unos vecinos de un pueblo de Madrid se pusieron de acuerdo para romper los abusivos sistemas de control de parking de sus calles. Algunas cosas han cambiado… Otras siguen igual que hace treinta años: Hay quien sigue en silencio y con las manos recién lavadas, como el Vaticano, el único Estado que no se manifestó hace 25 años. Hay quien sigue haciendo bombas y escondiéndose detrás de un pasamontañas. Pero yo, confío en que ahora tienen nombre y apellido. No son instituciones, sólo son personas y se señalan solas, con color fluorescente.
Me voy al Circo del Sol. Este año, esta noche también estaré con mi hermano. Estaremos con la boca abierta mirando las piruetas de colores y partiéndonos de risa. Cuando volvamos a casa pensaré que qué bien, pero también que Viva La República.
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La tarde del 23-F, como no podía ser de otro modo, nos desalojaron de la bibioteca del colegio donde estábamos estudiando e intentando ligar, actividades ambas compatibles, necesarias y formativas. La noche, de radio pegada a la oreja y de ojeras matutinas.
La mejor de las repúblicas es la Republica de los sueños.
Un abrazo y que disfrutes del puentazo.Comentario de justiniano albero hace 3 años y 46 meses
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¿Me estás llamando gorrón? Desde el infierno te maldigo, pilipili!!!!!!
Comentario de Don Tobías hace 3 años y 46 meses