Haciendo espirales sobre un grano de arroz
pilar lópez casquete de prado - 14-03-2006 02:33:07 | Categoria: Te lo juro, por el plástico más duro
Hoy, al menos hoy, creo que hay dos formas de entender la vida: Una es la de pintar miniaturas, paisajes chinos y casas de papel en un grano de arroz y la otra es la de hacer equilibrio, con los dos pies juntos, sobre un granito minúsculo, blanco y crudo, de arroz.Si me pides que elija, en este caso, lo tengo bien fácil. Yo soy la que hace equilibrios sobre un grano de arroz. Muevo los dos pies y casi como magia, el grano gira y queda suspendido. Y todo está en orden, y yo no me caigo. O sí. Eso es lo que menos importa, que me caiga del grano de arroz. Renegaré y seguiré dibujando bien chico que quiero ser la que se encorba y pierde los ojos detrás de la tinta y el grano. Pero no, yo no soy esa.
Aprendí a hacer equilibrios, aprendí las más viejas técnicas del funambulismo casi por arte de magia y en una lotería, de esas de tiro con escopeta de balines, apagué el cigarrillo con los ojos cerrados... Y me tocó en la tómbola una miniatura china dibujada en un grano de arroz. Y de la emoción, por aquello del no saber contenerse, se me dejó caer de las manos hasta que la perdí. Es lo que tenemos los que sabemos que lo que más nos gusta es no ganar.
Hoy aprendí que hay dos formas de hacer espirales perfectas. La de estar en el mundo, que es desde fuera a dentro y luego, terminar enroscado con el tamaño de un grano de arroz (cuando ya no se puede seguir sin emborronar el papel) y estar donde están casi todos, en el centro donde todo es lo que debe ser. Tan parado y tan perfecto. La otra, la mía, es la de deshacer espirales hasta ser perfectamente imperfecta. Es tirar jugando de la parte más débil, que es la que se deshace y desmarañarlo, hasta no ser ni la sombra de la madeja de lana pasada por la fábrica de hacer ovillos.
Y me rio en el taxi frenado en cada semáforo rojo. Ahí, donde yo seguiría y cruje mi chaqueta, el coche se para.
Igual siguen sonando las campanas, o no. Igual se paran en seco las estrellas y el reloj que está en la Calle O´donell, atado en las nueve menos cuarto. Es curioso, hasta ese reloj imperfecto goza de una salud envidiable dos veces al día. Hasta ese reloj parado tiene dos momentos redondos: son las veces al día donde mueve el mundo.
Viva el regaliz en espiral, el negro y el rojo, el que se deshace solo con tirarle de la lengua.
(este post está dedicado a los del tiempo infinito, que son los del cuarto tiempo)
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