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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

pío-pío

Hace quince días hábiles, una policía tuvo a bien ponerme una multa por algo que yo no había hecho: por un semáforo rojo = 150 euros.

En un semáforo de Torneo, giré a la izquierda en ámbar. A mi izquierda salió una moto, con un descerebrado encima que me insultó del susto que se llevó al saltarse él su semáforo y casi empotrarse conmigo. Pensé: ¡qué pena joder un día tan agradable! ¡Qué mal rollo ir así por la vida, echándole a los demás la culpa de sus propios errores! (el problema es suyo, el que está cabreado es él).

Yo jugaba con el móvil y el volante y una policía rubia de rizos (local) me hizo señas de parar. Vaya -pensé- hoy es mi día. Esta se va a llevar una sorpresa cuando vea que con el móvil solo estoy jugando. Me aparté donde dijo y empezó a gritarme sobre un semáforo rojo que me había saltado cuando aún no había bajado la ventanilla. Qué carácter. Me defendí pero sin mucho ímpetu: ¿uno puede defenderse ante la justicia? ¿Hay tarjetas rojas? Mejor me quedo con la boca cerrada, que esta no me perdona. Con lo mona que es, qué fea se pone cuando grita. Es como un día soleado en un atasco, camino de la playa. La pobre (mejor dicho: desgraciada!), se había asustado al ver la moto y pensó (pobrecilla) que el error era mío, según me confesó. De todas maneras, la bajada de guardia (nunca mejor dicho) le duró un segundo, porque enseguida recuperó su tono marcial para decirme que me paraba a mi porque era más fácil que parar al de la moto. Ea, 150 euros del ala para Pilipili, que está tiesa.

Esta tarde, al coger el coche, tenía un bollo. Un bollo que yo no le he hecho, porque ayer no lo tenía. De hecho, si ayer lo hubiera tenido, os lo habría dicho... Y nada, ahí está: enorme y nuevecito. Sonriente.

Hoy, además del bollo, un amigo que recién acaba de llegar, estaba triste y dolorido. En un par de días le han puesto una multa y le han hecho un bollo. Y lo malo es que no ha sido en el coche.

Hoy 1500 soldados, 200 coches y 50 aviones han hecho un botellón en Irak.

En fin, que en estos tiempos que corren, que igual son como los de antes, parece más fácil salir corriendo, dar dos cateas, hacer un tú la llevas y un pío pío que yo no he sido y porque yo lo valgo, como L´oreal, quedarse tan pancho por arremeter con esta asimetría.

La verdad es que no me gusta nada.
Ojalá pronto nos veamos de color amarillo y blanco, con los ojos pegados detrás de una cerveza y nos estemos riendo. De mi multa y de la suya. Ojalá mañana, la invasión de Irak sólo fuera de botellas y bolsas de plástico blanco.


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Comentarios

  1. A veces no hay que quedarse impasible ante la adversidad. Busca a algún amigo que pueda saber de estos artificios del Derecho y que te ayude a encontrar una solución a la multa. Mira en tu agenda si hay algún amigo jurista, abogado o incluso un juez, que esos tipejos se conocen todas las triquiñuelas. En fin, pide, pide...seguro que alguién habrá encantado de ayudar.
    Y es que con esto de las ayudas seguro que a tu amigo triste se le ha ido la tristeza.

    Comentario de justiniano albero hace 3 años y 45 meses


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