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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

Aníbal, sus libros y mis letras

Me he contado un cuento secreto y otro para no llorar y me he acordado de Aníbal.
Aníbal se llamaba así porque era como se llamaba su padre y su abuelo y porque dice que su bisabuelo, se puso tan contento al ser padre, que en vez de al registro, se fue a la taberna. Y bebió. Anís Aníbal. Y después, fue al registro como pudo.

Un día me contó algo que me resultó tan remoto como sus historias y su nombre y que hoy, al repasarlo, me lo acaba de enseñar. Y lo he entendido.

Él decía que prefería a los libros antes que a las personas. En un momento de su vida, sus amigos quizás fueran excusas para beber y para hacer más lenta la espera del paso del tiempo, ese tiempo que tenía que caducar para dejar de doler. En ese momento, sólo podía confiar en los libros.

Su casa, a la que nunca fui, la imaginaba enredada de libros hasta lo más alto de unas enormes estanterías y él, sentado con guantes mitones para no arañarse al coger el teléfono, si no quedaba otro remedio, claro, no paraba de leer.

No era feliz, en aquel momento no podía pararse a ser feliz, primero tenía que repararse y creo que encontró su truco.

El mío es escribir. Antes fue hacer bizcochos y cocinar. Algo creativo, que si no me mustio... Pero escribir es especial. Me da igual si está mejor hecho o peor, pero me da sentido, perspectiva y me hace enseñar mi mandíbula y mis dientes torcidos. Me hace ilusión, me pierde y me hace que me guste un poco más.
Se pasan las horas y ya casi no entra luz por la persiana. La calle se ha calmado para empezar mañana.

Y mañana, me gustará tan poco trabajar como hoy (porque a mi no me gusta trabajar) pero si vuelvo a recordarme aquí sentada, no estará mal.

Creo que Aníbal ahora sigue leyendo mucho, pero de otra manera. Ahora está de vacaciones de un año en Barcelona y me parece que se rie más. Con su risa rotunda y redonda, llena de palabras especiales que ha aprendido en los libros. Con sus ojos chicos, de tanto leer y que miran bien, sí. Ese es Aníbal. Y además, tiene un truco de superhéroe.

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