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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

me ha dejado con las ganas

Al llegar a casa me he enterado que el hombre del que conocía su nombre, algunos artículos y su foto, pequeña y cuadrada, se ha ido.

Le oí hablar de su carácter afable y vital a Julio y a Diego le dejó marcada una frase que era además su manera de entender esto de estar aquí. Por lo visto, decía vivir un tiempo extra que en algún sitio le habían regalado. Supongo que porque le cambiaron el corazón. Ese que ayer le dijo the end antes de que acabara la película en un cine de Málaga.

Yo lo tenía en la short list. La del trabajo, la de los proyectos y la de personas que no se puede pasar por alto y a la que quería conocer.

Lo tenía como prioridad cuando fuera a Málaga. No me vendría sin comer sardinas y sin abrir los ojos para verlo bien, y aprender. Le gustaban los blogs, los proyectos de Internet y que diría que si cuando se lo contásemos. Era energía y para mi, aliento y ánimos. Y mucho que descubrir.

Le he buscado en Internet, ahora. He leído que escribía a media mañana, después de leer la prensa y que los mejores artículos eran los que menos tardaba en escribir. Me quedaré con esa idea y con la otra. Mañana lo llevaré en la mochila, cuando cruce el río con la bicicleta, antes de que sea de día. Ojalá no se me olvide y se me quede en la mochila todo el día. Y sienta que es verdad: es un regalo poder pensar en mañana y estar aquí para, después de leer los periódicos, volver a escribir.

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