El toldo de José Luis
pilar lópez casquete de prado - 09-05-2006 21:19:59 | Categoria: de mentira de la buena
Mi casa está en un edificio tranquilo de un barrio donde se llega a fin de mes. Mi bloque cumple religiosamente con los cánones del entorno, situándose la media de edad al borde del abismo: 3 viudas, un matrimonio mayor con hijos pequeños, un militar jubilado y unos cuantos pisos más que no se salen de esta norma. Rentistas, herederos y alguna despistada llenamos las 8 plantas de la construcción.Es una construcción antigua. Un clásico de provincias: todos nos conocemos, nos saludamos y además, sabemos como unos y otros tenemos distribuidas las habitaciones, los baños y cuánto tiempo lleva puesto nuestro aire acondicionado.
A mi vecino de abajo lo conozco bien: Dentro de poco dejaré de oír su despertador (porque eso sí, aquí se oye todo) y no se qué hará con la cartera de asas y piel gastada, color marrón café que utiliza todas las mañanas para ir a trabajar. Estoy segura que ni siquiera necesita abrirla. Es más, esa cartera, a juzgar por el cierre, no se abre desde que el vendedor la probó para enseñarle que estaba en perfecto estado. Es que, mi vecino de abajo se jubila de un trabajo que desconocemos, pero en el que necesita darse importancia.
José Luis... Sí. Es redondo y con gafas. Con una calva también redonda, para reiterar, de pelo perfectamente pegado a la piel y poco más. Porque es mi vecino y nos cruzamos en el hueco de la escalera, si no, jamás lo reconocería en una rueda de la policía, aunque él fuera el culpable. Eso sí: las gafas son oscuras, de esas de pasta con betas y su ropa creo que ya está descatalogada, sobre todo, sus calcetines de hilo gris perla.
Se casó, no hará mucho, con una antigua novia. No se cómo se llama. Ella era enfermera, le dieron una baja y ahora es ama de casa. Rubia, sonriente, pero lo justo. Sabe regresar a su punto seco cada mañana: consigue hacer desaparecer la sonrisa como si fuera truco de magia, cuando cierra la puerta de su piso.
Ya dije que era un bloque bastante convencional y como todos, tenemos la pareja molesta, por eso, José Luis y la enfermera son los vecinos incómodos: Si necesitamos estar todos para arreglar tuberías, ellos se han ido a la playa. Si decidimos poner dinero para abrillantar la escalera, ellos no pagan. Si hacen ruido las sillas y arrastran muebles, si suena el taladro un domingo sin coches, sin duda: son José Luis y su señora, que son, al mismo tiempo, los que toman como una inocente travesura las cacas de su caniche en el ascensor y los que invitaron a la policía a mi última fiesta de cumpleaños.
Ahora ando preocupada. Desde hace unos días he visto que en uno de los toldillos de su ventana ha anidado una paloma. Una paloma tonta, incauta y que parece estar en la edad del pavo. Tantos años integrada en el mobiliario urbano y ahora decide anidar en un toldo. Ahora, justo ahora que se alargan los días y el termómetro no baja de las dos cifras. Justo ahora, que hay que regar a diario y se secan las gitanillas, que nosotros tenemos orientación sur. Justo ahora, que la enfermera ha colocado cortinas nuevas, de flores, que no quiere que se le queden pardas del sol. Pues sí: justo ahora.
Y mira que no me gustan las palomas, pero el domingo, al levantarme, lo primero que hice fue ver si aún estaba el toldo en su sitio. Sí, allí estaba, atado con su cordelillo. Y también ella, asustada y con cara de mal augurio, animalito. Y yo, sin saber qué hacer: tanto si le aviso y le pido por favor que... como si no, José Luis bajará el toldo. Aún la sigo viendo allí: tan blanca, apretada contra el fondo largo y azul, tan chica. Con esa cara de preocupación que se le pone a las madre primerizas.
Definitivamente, no podía hacer nada, lo único que se me ocurrió (por apoyo a los damnificados) era el estudio de la cría de palomas (en internet): tardan 18 días en empollar y pasan otros 35 días hasta que las palomas dejan el nido. Imposible, a estas no hay ya quien las salve.
La paloma está en manos de José Luis, pero según he visto, José Luis aún no se ha dado cuenta. Si lo supiera, se sentiría más grande por dejarlas caer. Se sentiría más fuerte por saber que él tiene el poder de tres o cuatro pequeños huevos y de esa paloma imprudente. Tiraría fuertemente del cordel y las estamparía contra el suelo; miraría el espectáculo amarillento, abriéndose paso sobre su barriga y enfocando sus gafas para ver mejor la tortilla recién hecha en el suelo. Una sonrisa hasta congestionarse la cara en rojo y para José Luis, aquel pequeño detalle haría especial el día.
Es inevitable: José Luis bajará el toldo uno de estos días, a las horas de calor, para leer el ABC a la sombra. La paloma, los restos del nido, sus tres huevos o sus tres polluelos, caerán al suelo. Sólo se salvará la madre y para José Luis, que no se habrá enterado, será un mal día. Tan malo como todos: el gobierno irá igual de mal, la culpa seguirá siendo de los progresistas y hace unos treinta años o así, él vivía mejor.
No voy a encariñarme con ella y menos con los polluelos; he decidido dejar de mirarla y cuando me ronda la cabeza, pensar en otra cosa. Eso sí, no puedo dejar de leer webs sobre la cría de las aves. Justo ahora, en una Universidad de México acabo de leer algo y empieza a cuadrarme el nido:
Las palomas no migran, viven cerca de su entorno y no se suelen mudar. El cortejo se realiza durante el invierno y anidan en primavera, pero en climas cálidos, tienen crías durante todo el año (como debe ser este caso). Suelen tener tres o cuatro puestas al año. Forman parejas estables y el macho es quien elige la ubicación del nido, normalmente muy simple.
Al menos nos queda una salida y confío (a pesar del nido) en algunas de las habilidades del padre palomo. Espero que al menos se haya quedado con la cara de mi vecino y por supuesto: que tenga puntería.
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Genial, usted relata la condición humana y la espesura agria, seca y opaca de las vidas grises, con el humor de quien guarda en el fondo del bolso la insoportable cotidianeidad.
Comentario de elaviadorcapotado hace 3 años y 43 meses
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me encantó esta línea Pili - quizá más que la otra tan etérea e intimista ... olé.
Comentario de marina hace 3 años y 43 meses
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Cuando termino de leer, me digo "Genial", pero el aviador capotado se ha adelantado, así que "Culmen" que es lo que me dicen cuando meto una buena bola.... QUE GRAN POST!!!!
Comentario de Y hace 3 años y 43 meses
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Me encanta el relato Pilar. Que sepas que tienes una nueva fan....Sigue escribiendo porfi, que esto engacha. Besotes
Comentario de Lola Rubiales hace 3 años y 43 meses
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DELICIOSO !!!!!!
Comentario de mar hace 3 años y 43 meses
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En frente de mi casa había un nido de tortolas con dos crias. Yo me asomaba todos los dias a ver como iban creciendo y ellas me miraban a mi. Crecian y ya casi no cabian y efectivamente una cayó al suelo, seguramente la tiraría su hermana/o y la victoriosa, la que consiguió quedarse con el nido y toda la atención de sus padres no pudo soportar la tormenta de granizo. Yo la miraba desde la ventana y pensaba, esta no lo aguanta, como tiene que dolerle esas bolas de hielo.... por la mañana la encontré a los pies del arbol y a mi se me encogió el corazón, estuve toda la máñana en la oficina acordandome de esa pobre cria aguantando la tormenta y triste, no podia evitar estar triste.
Te lo digo yo, no las mires, por que al final se convierten en algo tuyo y si lo pierdes....Comentario de Rusa hace 3 años y 43 meses