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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

ser, estar, hacer... ¿vivir?

Querida Mariquilla,
Pongamos que eran las tres de la tarde. Pongamos que estaba al lado del edificio de correos: entre las vallas de las obras y las puertas cerradas de las oficinas.
Pongamos que él iba sin camisa, con unos pantalones de pana largos, como sus piernas largas. Unas botas grandes, como tanquetas de juguetería y tan mate y tan negras, como el lomo de un toro seco.
Delgado y con pelo largo. Reliado y sucio, despuntado, dejando ver un ojo, medio labio y una barba que se hacía una con ese pelo revuelto.
Nariz chata, ancha, oscura, como toda su cara. Como su tronco, desnudo y marcado de huesos. Arqueado y fino.
Pongamos que se llama Filiberto y que tiene un carrito. Filiberto... ¿Cuánto tiempo hará que no le llaman por su nombre? ¿Cuánto tiempo hará que no le hablan, mirándole a los ojos? Hace mucho tiempo que no le hablan.
Filiberto y sus pantalones de pana. En junio, empuja su carrito a las tres de la tarde y lo llena de trozos de tubería, trozos de escayolas de techo deshilachados y dos grandes tacos de madera que han sido imposibles de deshacer.
Los empuja. Por la avenida incómoda. Haciéndose un hueco entre la gente. Hasta perderse.
Ella sí se como se llama. Ella es Mariluz y tiene los ojos verdes. Los rasgos perfectos y el pelo blanco. Pelo enredado, lleno de nudos, de hojas. Es un estanque seco que se ha quedado hasta sin peces. Mariluz es de las que madrugan y no deja a la pereza que se pegue a su cuerpo fríoEse que ha dormido entre cartones en un portal y está vestido de negro y revestido de más capas de telas y lanas, dejando ver sólo su cara y sus manos finas, largas, de médico cirujano.
Lleva más de seis bolsas de plástico blanco, bolsas enormes, llenas de ... Llenas de no sé. Las recoge de dos en dos, y las acerca hasta el final de la calle. Luego vuelve, coge otras dos y las deja donde estaban las que ya acercó a la esquina. Por el camino, se mira en los espejos. Se queda en sus arrugas y pide unas tijeras. Después deja de mirarse y se va perdiendo entre calles, con sus bolsas y su conversación, perdida, como ella entre batas de médicos, universidades y viejas historias que ya no son de su vida, y se pierde hasta que cae la noche y vuelve a ocuparse de traer de nuevo las bolsas.
Al final, todos necesitamos hacer cosas. Estar ocupados. Muy ocupados.
Muchas cosas inútiles de lunes a viernes. Cosas que al final, en el fin de semana, en las vacaciones y cuando llegue la jubilación, se nos habrán olvidado. Evaporadas. No habrán dejado poso. No habrán servido para nada. Como el carrito. Como las bolsas de Mariluz. Estar ocupado, y luego, estar cabreado. No tener tiempo para los demás y estar cansado para charlar. Dejando así que los domingos sean dias de eriales, de huir de casa, para no sentarnos a tomar café con nosotros mismos. Y hacer cosas... Más cosas...

¿Tan difícil es pararse a estar? Sí, debe serlo. Es curioso: siempre buscando realizarnos, completarnos, sentirnos felices... Pero muy pocas veces preocupados por ser. Muy pocas veces dejando tiempo a simplemente estar. Estar con nosotros y con lo que somos.
Estar con los que nos quieren tal como somos.

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Comentarios

  1. Uffff... qué dificil eso que planteas. A veces es necesario pararse un poco y hacer NADA. En ese momento en el que no se hace nada, SOMOS y ESTAMOS. Pero tú ya lo sabías, Pilar; sólo tienes que acordarte más a menudo.

    Comentario de Mariquilla hace 3 años y 42 meses

  2. Me gusta mucho tu versión del mito de Sisifo...todos somos un poco Sisifo. Aunque parezca que las piedras de unos son más grandes y más bonitas que las de otros, siguen siendo piedras. Pero que bien se queda a uno cuando le ve sentido al pedruzco que lleva...y hay que pararse para verlo...no hace falta llegar a la crisis de los 40 para pensar.

    Comentario de Guillermo hace 3 años y 42 meses

  3. "...que la vida iba en serio uno se da cuenta demasiado tarde"... Gil de Biedma

    Comentario de Cristina hace 3 años y 42 meses


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