Los polos de limón de Señá Curra
pilar lópez casquete de prado - 03-07-2006 22:32:20 | Categoria: Te lo juro, por el plástico más duro
Estos días en los que se arrancan casi sin querer las hojas del calendario, estos que hacen que lleguen solos los días de vacaciones, me llevan directa a los de hace veinticinco años en Segura.Ha llovido, ha hecho sol y aun así, se siguen vendiendo helados y polos de limón en el mismo sitio. Sería imposible que no se siguieran vendiendo en el mismo sitio.
Lo tengo tan claro, aquel recuerdo está tan pegado y trae todas las sensaciones juntas, así que no le queda más remedio que ser real.
Señá Curra, con su pelo rizado, cortito y su traje abotonado y oscuro, aparecía sonriente desde el fondo del patio hasta la puerta. Un largo pasillo y su figura intuida entre las cintas de plástico y metal de la cortina, esa que separaba las neveras de los helados de su casa, no se hacía esperar.
Manuele y yo mirábamos lo mismo: Señá Curra se acercaba y aquello olía a polo de limón. Sonaban las láminas de la cortinilla, esas láminas que siempre me recordaron a macarrones engarzados, y a Manuele y a mi casi nos daba un ataque al corazón.
Las neveras, excitadas, empezaban a temblar más fuerte y aquello parecía que movía el resto del mundo. Dos polos de limón, alargados y planos, con palo de madera. Al principio, con una capa blanca de hielo, a la que si acercabas la lengua, te quedabas pegado. Si tenías paciencia, un rato después, se deshacía en los labios y con suerte, el palo tenía premio.
Manuele y yo, recién duchados y oliendo a colonia, nos íbamos con el polo a la Plaza del pueblo. Allí quedaban algunos aviones (que son esos pájaros que jalean y vuelan muy bajo, antes de irse a dormir), algunos abuelos, y poco a poco empezaban a llegar primos, amigos, niños... Las terrazas se llenaban de camisas blancas de hilo y vestidos de colores y todo eran risas, carreras, tu la llevas, otra caña, siéntate aquí con nosotros, compra otro cartucho de patatas, un dos tres, pollito inglés...
El reloj, ahora, habrá dado la y media. Y seguro, pongo mis manos en los fuegos más calientes y se quedan frías, y te digo: allí está todo así, como hace veinticinco años. Esta noche aún quedan aviones y ya empiezan a llenarse las terrazas. Los niños siguen jugando y comiendo polos de limón. Ácidos y de palo blanco, de madera. ¿Seguirán teniendo premio? Los míos, ahora que hago recuento, ahora que vienen todos juntos, los tenían todos.
Comentarios (0) - Referencias (0)