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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

Maniobras de escapismo

Mira, ya te lo he dicho, pero se ve que no te has enterado. Un día tras otro, no paro de escribirlo en letras pequeñas, al final del post. Quiero decirte que quiero escaparme.
Vámonos en la nave nodriza. La nave pequeña, cargada de gasolina, que nos espera en el angar.
Tiene litros para llevarnos hasta la plaza de los Delfines y después, ¿quién sabe? O tal vez... ¿Quién quiera más?
Yo ya te lo he dicho: esto no hay quien lo arregle y llegados a este punto, es difícil volver a empezar.
Aún nos queda California, el sol y otro mundo, ese en el que no nos sentiremos parte y donde no nos dejarán votar. Entonces, justo entonces, seremos libres.
No haremos surf, no patinaremos por el paseo marítimo y no tomaremos helados de nata. Tendremos suficiente con pasear por las páginas de los libros que dejamos a la mitad y con agarrarnos a la botella de cerveza fría que nos acaban de colocar en las manos, con un inglés playero y trasnochado que no entendemos.
Justo entonces, con la lengua de trapo y como aquí, en tierra extraña, empezaremos a ser libres y a reirnos de los puzzles que dejamos por montar en el suelo de madera de tu casa.
Y nos deformaremos. Perderemos las formas, se nos torcerán los dientes y saltará el parquet y la mala hierba brotará en el jardín de la casa de tus padres. Y justo ahí, sin pretensiones por ser otros, los que no podremos ser, los que querían cambiar el mundo, empezaremos a reirnos hasta que se nos revienten las costuras.
Y brindaremos por el amor, porque tendrá sentido, porque es una utopía, como el capital bien repartido y el tu la llevas que sólo sea un juego. La justicia con ojos y la vida bella sin tirantas de sujetador de silicona. Y nos creeremos que es verdad, como un cesped bien cortado y brillante, con una matemática pura de aspersor puntual a eso de las 10 de la mañana. Y justo por eso, por esa fe sin ojos, brindaremos hasta caer ciegos en la arena fría de California.
Ay... Nos equivocamos. Soñamos, nos dejamos soñar, y ... Nos perdemos. Aquí, haciendo esto, con eses, sin saber qué queremos, nos equivocamos como el que más. Como el que más sabe qué quiere hacer.
Todo es tan absurdo, y tan democrático: es tan absurdo para todos...
Mírame, ¿me ves? Escúchame. Te lo digo de verdad: todos estamos perdidos. Es sólo cuestión de tener brújula. Si no la tienes, no lo sabes, pero todos, hasta el que saca títulos de saber estar no sabe dónde va.
Mírala, ahí viene la nave nodriza. Yo tengo el número 14.

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Comentarios

  1. Lady, Lady Blue
    sin control, sin dirección
    la luz se fue, ¿a dónde voy?

    Comentario de 2006 hace 3 años y 41 meses

  2. Buscaba un aviador y encuentro a la azafata para un viaje hacia el más imaginario y más hermoso de los destinos. Igual un dia nos encontramos todos los anónimos viajeros de la Red en ese idilico lugar.

    Comentario de manolotel hace 3 años y 41 meses


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