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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

síndrome

Anoche, al volver de la playa me encontré con el síndrome post vacacional sentado en el sofá.
-¡uy! ¿Y tú?¿De dónde has salido?¿Qué haces tú aquí, si a ti no te toca venir estos días?
Como buen síndrome bien metido en su papel, ni siquiera se tomó la molestia de contestar. Encendí el aire acondicionado y no me quedó otra salida: me senté a su lado.
Recostada sobre un cojín, hacía trizas mi espalda, que a su vez se dejaba notar sobre los muelles del sofá.
Y así pasamos los cuatro un buen rato: el sofá, el cojín, el síndrome y yo. Y así nos quedamos dormidos. Tan dormidos que no se separar donde terminó el sofá y dónde empezó la cama.
La cosa es que el síndrome, que no tenía donde caerse muerto, se metió en la cama conmigo. Esta mañana, a las 7, no nos han despertado los obreros que días atrás agujereaban las zanjas de mi calle. Y no es porque no estuvieran, porque ellos, puntuales y sin saber qué es esto de tener este síndrome, ya andaban hasta con un bocadillo en el cuerpo y cuatro piropos indecentes entre el entrecejo.
La cosa es que como pudimos, y al ritmo del día anterior, mi síndrome y yo nos hemos desperezado, duchado, peinado, desayunado y trabajado. Hemos vuelto sin querer al sofá, para dormir una siesta. Y otra vez a correr, trabajar y saltar de puntillas entre los atascos y los otros síndromes, más agudos y más gordos que el mío, descarriado.
En fin, hemos llegado hasta aquí pero al volver a casa, lo he dejado allí. He salido a disfrutar de la noche en el río, de la risa y la conversación larga (esa que es deliciosa, porque se hace corta), de la ilusión, de las ganas de contar y saber, del zumo de melocotón... Y no, esta vez no me lo he llevado. Le he dicho muy seria, y con el dedo índice señalándole:
-Mira, bonito, hasta aquí hemos llegado. Esta noche tú te quedas aquí.
Y él no ha rechistado. No tenía nada que decir. Se ha dado la vuelta, ha encogido los hombros y se ha sentado en el hueco que ayer dejé en el sofá.
Acabo de llegar, cruzando la Avenida con el Beutiful Day de U2.
No me he acordado de él hasta abrir la puerta de casa. De puntillas, he mirado el sofá: no estaba. Le he buscado por toda la casa: se ha ido.
Sí, hoy es un beutiful day. Se ha ido, se ha sacudido. Ya empieza septiembre.

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Comentarios

  1. Ya llega septiembre, ya llega el fresquito en la cara y la colchita por lo alto, ya llegan las editoriales cargadas, las novedades en el ipod, labios pintados para no perder la sonrisa, el vinito, las cenas en casa de lso amigos, las orquídeas por las cabezas... y a ese síndrome no le invitamos a nada!!¿quién se acuerda ya del verano??

    Comentario de Cristina hace 3 años y 40 meses


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