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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

las perlas y los pendientes

Yo no soy supersticiosa, sólo creo que las perlas dan mala suerte. No se si es un acto de rebeldía contra mi madre, que siempre me hacía llevarlas y que siempre encontraba un pendiente sustituto del que había perdido jugando en el colegio. No se si es un acto de liberación, contra aquellos pendientes que eran los únicos que podía llevar, porque (decían) los "malos" me daban alergia. Lo que si se es que aquella superstición me la inventé una tarde al sol, leyendo un relato de Isak Dinessen.
El cuento en cuestión hablaba de un viaje en barco de una recién casada, una joven mujer que estrenaba, además del matrimonio, un largo collar de perlas. Un accidente y las perlas salieron corriendo del collar. La joven lo llevó a que lo arreglaran y en el arreglo desapareció una. Esto, al final, trajo consigo una misteriosa pérdida, más profunda y trágica para la mujer.
Desde ese día no confío en las perlas y temo perder pendientes.
Ya, lógicamente, no llevo ese tipo de pendientes, pero también me asusta perder uno de una pareja. Siempre he pensado que cuando pierdo un pendiente, luego pierdo un amor, un novio o un amante que no llegó ni a serlo.
La cosa es que hace un año perdí un par completo de pendientes. Eran de Orna Lalo y desaparecieron sin dejar rastro. Más tarde, casi llegado septiembre, desapareció un aro de Tous de plata, dejando como prueba la arandela que lo enganchaba.
Este fin de semana aparecieron los de Orna Lalo en el bolsillo chico de un bolso de fiesta, donde se quedaron olvidados una noche larga del verano pasado.
Esta tarde se me ha escurrido un no se qué de las manos y ha ido a parar debajo del sofá. Y digo un no se qué, porque enseguida he olvidado de qué se trataba: después de un año moviendo el sofá, pasando la aspiradora y suspirando (de vez en cuando) por el pendiente, ha vuelto a aparecer, debajo de la última pata del último sofá.
Si un pendiente perdido es un siniestro presagio de un amor dolorido, que vuelvan a aparecer, ¿qué nos traerá? ¿Fantasmas pendientes?¿Amores a punto de estrenar donde lo dejamos?... No tengo ni idea, sólo se que mañana, mañana, los reestreno.

Referencias

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Comentarios

  1. ¡Qué curioso! Yo he encontrado esta mañana en el bolsillo chico de un bolso negro de charol un pintalabios que hace meses que buscaba... y creo que tiene que ver con un reencuentro que se produjo ayer por la tarde...

    Comentario de Mariquilla hace 3 años y 39 meses


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