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El bolso de Pilipili

Un cuaderno, un ipod, una cartera gigante, besos, barras de labios, entradas de teatro, gafas de sol que han visto todas las tiendas y los bares de la ciudad... Un bolso grande con ganas de salir a la calle

negro mapache

Las escaleras se me han quedado cortas al oir cómo se cerraba la cancela del portal. No se, sabía que alguien me seguiría los pasos pero no pensaba que estuvieran tan cerca.
He llamado al ascensor al tiempo que he puesto un pie en las escaleras. No se, lo mejor es subir corriendo. Y aún no me llega el aire, son los cigarros, las escaleras, pero aún no me llega el aire, pero si, si... Ha sido acertado poner un pie en este adoquín frío y de mármol rojo y brillante.
Suena el timbre: el ascensor ha llegado al rellano del bajo cuando yo ya veía el cartel del primero. Clinnn. Y yo he seguido subiendo. Vamos, vamos: dos zapatos planos plateados nunca se han amilanado ante un ascensor y además, no sabe dónde vivo.
Segunda planta: no oigo el ascensor. Voy por la tercera: clap, clap, zapatos de torero color plata. Llego al mío, a mi rellano y ahí estoy. Meto la llave como puedo. Encaja y si encaja, encajo yo. Game over. El ascensor hace clin clin. Sssssssss dice después. Se abre su puerta. Mientras abro, por dignidad me doy la vuelta y suspiro un buenasnoches. Es mi vecino, que apenas dice un hola que huele a ginebra mientras se esconde al lado de su corbata, justo debajo de su ala azul marina, donde ha metido la cabeza. Y yo resoplo... ¿Nunca me van a dejar que me imaginen llegando a casa tal como me fui?
Huelo a ron, tengo ojeras que saben a azul. Un día largo, un día de sola, de color plata. Un día tan mal parido como el de ayer. No me dejan venirme a casa mis vecinos. Se empeñan en verme cuando llego con ojos negro mapache, corazón blanco roto y manos azul hielo. Aún oigo cantos de sirena, pegados al móvil, a mensajes de móvil de Costa Turquesa de Turquía pero yo, yo... Aún jadeo subiendo escaleras antes que tú, para que no me veas, antes que tú, de blanco roto y negro corrido en ojo brillante y sin luz.
Aún jadeo. Sólo me oigo jadear que he perdido la carrera.

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