Las cartas a boli
pilar lópez casquete de prado - 15-12-2007 13:20:31 | Categoria: de mentira de la buena
Llegaron a la ciudad, al centro de la Isla Imaginaria. Quince días para hacer submarinismo y disfrutar de las playas de arenas blancas y secas, de los Caipilotes, las bebidas de coco y mango por quince céntimos, bajo las palmeras de la playa del Monterrico o de la Cumbeira.Ellos también pensaban: Quince días llenos de peces nuevos, de aguas diferentes y fotos bajo el mar. De bronceado brillante, de despertares silencios y sonrientes, de bailes, copas, nuevos paisajes, vistos desde ventanas grandes que te enseñan el agua del océano y nuevas ciudades con hoteles de piscinas largas y azules, con todas las estrellas, en la calle Principal.
Y debajo, como pasa cuando uno va al nuevo mar, debajo, al abrir los ojos bajo el agua, te encuentras que hay otras cosas que no habías visto ni esperabas encontrar.
Al llegar a este punto, ellos me contaron el cuento de las cartas escritas a boli.
En la plaza de los Quilatones, la pequeña y coqueta plaza española, vieja y de piedra añeja, todos los viernes a media mañana, comienza el trajín de bolígrafos y hojas finas de papel de avión.
En varias de sus esquinas, se siguen sentando europeos venidos a estas tierras de acá; americanos del norte, con ganas de otras aventuras, como las de ayudar; algún joven en viaje de estudios iniciáticos para la vida y un par de nativos con letras.
Se sientan y esperan. Esperan poco, porque llegan ellos, los demás, con unos pesos, unos céntimos, unas monedas redondas, grandes y pesadas y las dejan sobre la alfombrilla. Saludan sonrientes, se sientan y empiezan a dictar.
El escribano, como se ha hecho siempre, escucha paciente y copia al pie de la letra otras palabras que sientan mejor a la historia. Se dejan contar e interpretan, con mano fina y bolígrafo largo.
Los bolígrafos... Azules y recubiertos de cristal-plástico transparente, encapuchados en azul marinero oscuro, para no dañarle la punta fina de tecnología de cuarzo.
Esas hojas de papel-fino-de-avión, rayado por sus esquinas en azul, blanco y rojo, a juego con el ensobrado.
Los escribanos y escritores, los dictadores. Los autodidactas de las cartas. Los sellos, los sobres, las direcciones con distrito postal y los repartidores de correos.
Todos ellos, acá, en el mundo del ordenador y la clase alta de la tecnología, pasan por sus horas más bajas.
Los buzones se quedan pobres y sólo entra alguna carta despistada, con poco interés y que quizás termine antes en la basura de papel que en la lectura rápida y diagonal, que no hay tiempo para más.
En Isla Imaginaria, aún hay tiempo para escribir cartas. Aún hay escritores con fantasía para hacerlas más edulcoradas. Aún hay buzones llenos de alegría, nostalgia, ganas de saber, buenas y malas noticias... Repartidores, papel de cartas, direcciones con códigos postales, sellos de colores...
En Isla Imaginaria, los chiquillos persiguen a los turistas para pedirles monedas y bolígrafos con tinta azul para escribir cartas.
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Me ha encantado este post. Me ha recordado las poquitas veces que cogí un boli azul y me enfrenté a varios folios blancos escribiendo para alguien. En esa época en la que las direcciones de correo no llevaban arrobas y sí códigos postales...
Comentario de Señor DeTamble hace 2 años y 24 meses