El milagro de tipo II
pilar lópez casquete de prado - 16-12-2007 02:26:31 | Categoria: Te lo juro, por el plástico más duro
Querida Ana, Ya no sabemos ni qué son los milagros. Esta mañana, al llegar a casa, tarde, con las manos aún oliendo al cáncer incauto y nuevo de tu madre, has dejado de hacer la comida por llamar a tu hermana. A tu hermana pequeña, para que llamara a la otra y así, sin querer, provocar una cadena larga de llamadas inoportunas a la hora de comer. Tus sobrinos, como tus hijos, con boca de hambre. Tus hermanas, como tú, con boca de susto y de pocas palabras. Y todo, para soñar que aún existe en tu casa la suerte y en tu vida, los milagros.
Sí, quizás sea eso. Tu madre, recién enferma. Vieja nueva, de esas que no se esperan, te están haciendo sensible. Sí, quizás estos tiempos (yo, querida Ana, voto más por esto) nos hacen suave a lo que antes era rutina y casi obligación.
Querida Ana, aún te sorprende. Una desconocida se ha desvidado mil metros para llevarte a casa, porque tu taxi, como el suyo, no ha llegado. Sólo mil metros. Dos minutos en la mañana vaga y larga de una desconocida que sólo olía a perfume.
¿Y eso es un milagro, querida Ana? Qué poco acostumbradas tú y tu hermana a que la vida de lo que tiene que dar. A los favores ajenos. A los vecinos. A ser vecinos, los de la misma calle, los que no se conocen de nombre, quizás, pero si de vidas y de saludos. Pero que ya, querida Ana, ni se hablan.
Y lo mejor, el derroche: al dejarte en tu sitio, le regalas tu casa y ella, desbordada, te promete volverte a traer a casa.
Qué milagros tan miseriosos. Qué lejos estamos de la vida de nuestras abuelas, donde habernos dejados olvidadas la una a la otra en una parada de taxi habría sido cuanto menos, imposible.
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